París, Fra.- Una campaña electoral atípica, celebrada en plena guerra en Ucrania y al poco tiempo de superar una quinta oleada de covid, echó este viernes el telón en Francia con la sombra de una alto abstencionismo y la candidata Marine Le Pen que le pisa los talones al presidente saliente, Emmanuel Macron.
Casi 49 millones de electores están llamados a las urnas este domingo en la primera vuelta de las presidenciales. Según los últimos sondeos, los dos primeros serán los mismos que en 2017: el europeísta y liberal Macron, que lograría en torno al 26 % de votos, y la ultraderechista Le Pen, con cerca del 24 %.
Sin embargo, en la clausura de una campaña eclipsada por la invasión rusa de Ucrania, en la que Macron ha ejercido como interlocutor occidental con Vladímir Putin, el resto de los principales candidatos se resistieron a arrojar la toalla.
El izquierdista Jean-Luc Mélenchon, el ultra Éric Zemmour y la conservadora Valérie Pécresse intentaron seducir a indecisos y abstencionistas.
Macron, quien entró en campaña tarde alegando la gestión de la crisis de la guerra en Ucrania, ha intentado recuperar el tiempo perdido y contener su caída en las encuestas, que le otorgan hasta seis puntos menos que hace dos semanas en la primera vuelta de los comicios y que le dan un margen que roza el empate técnico en la segundo.
A la ofensiva, el presidente saliente consideró que la candidata de la Agrupación Nacional (RN) defiende “un programa racista que pretende polarizar la sociedad y de gran brutalidad”.
Macron acusó a la extrema derecha de haber flirteado con las teorías de la conspiración durante la pandemia.