Macron, solo ante los extremos

PARÍS, Francia (EFE).- Hace cinco años, Emmanuel Macron se presentó como la última barrera contra el extremismo. Ahora vuelve a encontrarse solo ante propuestas populistas alimentadas por las crisis que han jalonado su mandato, de los "chalecos amarillos" a la guerra de Ucrania pasando por la pandemia.

Su cruzada para atraer rostros e ideas de los partidos tradicionales de la derecha conservadora y la izquierda (socialistas) ha acabado por dejarle solo ante rivales extremos, que propugnan profundos cambios sociales e institucionales.

"En cierta forma lo ha buscado, al situarse como eje central que ha reducido a nada a los otros moderados, tanto de izquierda como de derecha", apunta a Efe el responsable del Observatorio de la Vida Política de la Fundación Jean Jaurès, Émeric Bréhier.

Desde un punto de vista electoral, el fenómeno ha sido claro: Macron ha ido mermando votos a socialistas y conservadores moderados hasta que, en una situación muy débil, la necesidad del voto útil ha hecho el resto.

"Es algo ligado a la estrategia política con la que ha llegado al poder, que consiste en pretender gobernar a derecha e izquierda", asegura el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Grenoble Olivier Ihl.

Como en 2017, Macron se dirige de nuevo a un duelo en la segunda vuelta del 24 de abril con la ultraderechista Marine Le Pen, que ha sabido capitalizar el descontento del país.

Pero a diferencia de lo que sucedió hace cinco años, ahora los otros candidatos que le siguen en las encuestas también representan opciones extremas: el izquierdista Jean-Luc Mélenchon y el ultraderechista Éric Zemmour.

"Ha desaparecido la división entre izquierda y derecha y ahora es sustituida por otra. En ese juego, las opciones radicales ya no están al margen, cuentan para buena parte de la población y eso les hace subir", sostiene Bréhier.

LE PEN, PROGRAMA MAQUILLADO 

Le Pen, que ha ido maquillando de su programa las opciones más radicales y antieuropeistas, ha visto cómo su partido ganaba las europeas de 2019 y ahora las encuestas le sitúan al borde del 50 % de los votos en la segunda vuelta de las presidenciales.

"El llamado 'cordón sanitario' ya no tiene sentido en el momento en el que la única fuerza que lo representa es Macron", asegura el politólogo.

La líder ultraderechista se ha beneficiado, además, de la irrupción de Zemmour, que según asegura el profesor Jean-Yves Camus, uno de los más reputados especialistas en la extrema derecha francesa, ha contribuido a blanquear su imagen.

Zemmour promete expulsar a un millón de extranjeros en cinco años, lo que supondría -según él- un ahorro para las arcas públicas en prestaciones de servicios sociales que le permitirá financiar sus reformas.

Una propuesta que podría haber defendido en el pasado Le Pen, pero de la que ahora apenas habla ahora. 

Ese ideario hizo subir a Zemmour de forma rápida en los sondeos hace pocos meses, cuando incluso llegó a situarse como el segundo con más intención de voto, pero ahora bordea el 10 %.

Por delante se coloca un Mélenchon que en su tercer intento por asaltar el Elíseo sigue propugnando una profunda reforma institucional que ponga fin a la V República ideada tras la II Guerra Mundial por el general De Gaulle.

CAPITALIZAR DESCONTENTOS

Estas tres fuerzas han buscado capitalizar el descontento que ha aflorado en las diversas crisis que ha vivido el país en los últimos cinco años. 

Los "chalecos amarillos", que con sus protestas, a menudo violentas, doblegaron en 2019 el ritmo reformista de Macron, nunca se declararon de ningún partido, pero los estudios de opinión revelan que en sus filas había muchos votantes de Le Pen y de Mélenchon.

"Son una reacción contra la autoridad del Estado, contra la legitimidad de lo que viene impuesto desde arriba", explica Bréhier, que opina que "se identifican más con partidos radicales".

Lo mismo que los que aglutinaron las protestas contra las restricciones impuestas para detener la pandemia a lo largo de 2020, contra las vacunas en 2021 o, ahora más en las redes sociales, los que ponen en duda la versión generalizada sobre la invasión rusa en Ucrania.

Frente a esas propuestas, los candidatos más radicales juegan una "calculada ambigüedad" que les permita atraer sus votos sin espantar a electores menos proclives a las teorías del complot.

Esa recomposición del paisaje político puede favorecer a Macron en un sistema a dos vueltas, donde en la segunda son muchos los que votan más contra un candidato que a favor del otro.

Pero los sondeos auguran un resultado más ajustado que el de hace cinco años, cuando Macron dobló en votos a Le Pen.

"Entonces no había una línea de fractura entre uno y otro, era más bien el rechazo de una opción política. Ahora la cosa parece más incierta y puede reflejar una nueva línea de división social", explica Bréhier.