Gaza/Jerusalén.- Más de 2,500 cadáveres de palestinos continúan bajo los escombros en el perímetro controlado por el Ejército de Israel en Gaza, tras la denominada línea amarilla, mientras las familias de los fallecidos temen que los trabajos de demolición y retirada de materiales que los israelíes llevan allí a cabo hagan desaparecer sus restos para siempre.
“Vivo atado al cuerpo de mi mujer”, dice a EFE Taysir Ghatás, que sobrevivió al bombardeo que mató a su mujer el 23 de julio de 2024 en la ciudad sureña de Rafah, hoy controlada por Israel e inaccesible para la población. “Tengo que sacarla de debajo de los escombros y enterrarla como es debido, con dignidad, como a cualquier mártir”.
El Ministerio de Sanidad gazatí estima en al menos 2,500 los cadáveres que continúan desaparecidos al otro lado de la línea amarilla, a la que las fuerzas armadas israelíes se retiraron al inicio del alto el fuego. En total, calculan que quedan unos 7,100 en toda la Franja.
Forensic Architecture, la agencia de investigación de violaciones de derechos humanos a través del análisis espacial, ha documentado cómo Israel altera las zonas despobladas de Gaza con tres procesos: la demolición de edificios y, desde el inicio del alto el fuego en octubre de 2025, la compresión de escombros y la retirada de éstos.
En total, la organización ha detectado 43 casos de edificios bajo los que quedan restos humanos tras la línea amarilla, de los cuales cuatro se han visto afectados por trabajos de compresión o retirada de escombros.
La retirada de escombros se ha producido mayoritariamente en Beit Hanún y Rafah, donde además se están llevando a cabo los trabajos para construir una “zona humanitaria”.