Muere Robert Fisk, legendario corresponsal en Oriente Medio

Entre otros hitos periodísticos, logró entrevistar hasta en tres ocasiones al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden

LONDRES  (EFE).- El periodista británico Robert Fisk, uno de los más veteranos y reputados corresponsales de la prensa occidental en Oriente Medio, ha muerto en Dublín a los 74 años tras una enfermedad, informó este domingo su periódico, "The Independent".

El autor de libros fundamentales sobre la geopolítica en el mundo árabe como "Pity the Nation", sobre el Líbano, o el enciclopédico "The great war for civilisation" ingresó en el hospital St Vincent's de Dublín el viernes y murió poco tiempo después, según el "Irish Times".

Instalado en Beirut durante décadas, Fisk fue una de las firmas más buscadas de la prensa británica por su carácter anticonformista, su pluma didáctica y su visión iconoclasta de los conflictos que recorren la región.

Entre otros hitos periodísticos, logró entrevistar hasta en tres ocasiones al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, entre 1993 y 1997 y sus artículos eran igualmente buscados y admirados por los lectores en el mundo árabe, donde se le profesaba una admiración casi mayor que en el Reino Unido,

El diario "The New York Times" llegó a catalogarlo como "el corresponsal más famoso en Gran Bretaña".

Nacido en Maidstone (sureste de Inglaterra) en 1946, fue destinado por el "Times" en 1972 a Belfast en el pico del conflicto norirlandés, tras lo cual cubrió para el mismo periódico la Revolución de los Claveles en Portugal.

Desde 1976 trasladó su residencia al Líbano, donde escribió "Pity the nation", y desembarcó en "The Independent" en 1989, periódico para el que siguió escribiendo hasta su muerte.

Sus artículos en muchas ocasiones fueron contracorriente de los gobiernos occidentales: en 2003 criticó con fuerza la invasión de Irak y en los últimos años fue acusado de ser complaciente con el régimen autoritario de Bachar al Asad en Siria.

Pese a ser británico, Fisk siempre se sintió muy ligado a Irlanda, donde había realizado sus estudios en el Trinity College.

El primer ministro irlandés, Micheál Martin, rindió homenaje al periodista en un "tuit" en el que destacó que fue "valiente e independiente, con una comprensión profundamente documentada de las complejidades de la historia y la política de Oriente Medio".

"Ayudó a mucha gente a entender mejor esas complejidades", agregó Martin, quien se declaró "entristecido" por la noticia. 

Una voz necesaria para entender Oriente Medio

Además de una palmadita en la espalda, una mirada de conmiseración y un "buena suerte", es tradición despedir a los corresponsales que ponen rumbo a Oriente Medio con un ejemplar de "Pity the Nation" o de algún clásico en los que Robert Fisk trató de explicar esa insondable región.

Fisk, que murió este fin de semana a los 74 años en Dublín, era uno de esos periodistas que, sin dejar de serlo hasta el final, trascendió la profesión para convertirse en una voz imprescindible en los cenáculos de poder.

Ese mismo poder, por cierto, que él siempre rechazó. Si algo defendió este británico de Kent (sureste de Inglaterra) fue el ejercicio del periodismo como contrapeso a los gobiernos, fueran cuales fueran.

Cualquier cliché asociado al corresponsal de guerra podía encajar en Fisk. Y, sin embargo, tampoco habría sido fácil hallar un periodista que escribiese tan alejado de los tópicos y tan ajeno a la corriente.

El cine tuvo la culpa de que se hiciese corresponsal. Como tantas veces, la realidad corre tras la ficción.

"Irónicamente, fue una película la que me lanzó al periodismo. Tenía doce años cuando vi 'Foreign correspondent', de Alfred Hitchock", escribió Fisk en el libro que quiso dejar como legado, "The great war for civilisation. The conquest of the Middle East".

Las 1.400 páginas del volumen, además de adornar muchas librerías de apasionados de Oriente Medio (y probablemente tener otros muchos usos inconfesables), revelan en la prosa limpia de Fisk todo su saber enciclopédico y sus experiencias sobre el terreno.

Cuando pocos habían escuchado en Occidente el nombre de Osama bin Laden, él ya lo había entrevistado tres veces en las montañas de Afganistán. Cubrió la mitad de conflictos de su época, muchas veces en los lugares más remotos, poseído por la adrenalina.

"No me gusta la definición 'corresponsal de guerra', apesta a falso romanticismo (...) Y sin embargo la guerra es, paradójicamente, una experiencia muy poderosa y única para un periodista, una oportunidad de entregarse a la única emoción vicaria todavía gratuita", escribió.

Su padre, figura clave en su biografía y excombatiente en la Primera Guerra Mundial, quiso que fuera médico. Fisk ya había decidido mucho antes que sería uno de los "soldados de la prensa".

Tras hacer sus primeras armas en Belfast cubriendo el conflicto norirlandés para "The Times", el periódico le dio a los 29 años la oportunidad que había ansiado toda su vida, al ofrecerle la corresponsalía de Oriente Medio.

Instalado en Beirut desde 1976, fue testigo en primera línea de la guerra civil libanesa, que retrató posteriormente en el imprescindible "Pity the nation".

En el Líbano no solo se convirtió en una referencia para cualquier recién llegado a la región, sino que sus artículos, primero para "The Times" y desde 1989 para "The Independent", sacudían los despachos y las cancillerías de los países árabes.

Su independencia lo llevó en muchas ocasiones por el camino de la controversia. Criticado por sus posiciones antiestadounidenses y antisraelíes, atacó con fiereza el "periodismo de hotel" de muchos enviados especiales que no salían de sus habitaciones en los conflictos.

En 2011 tuvo que pedir disculpas por haber informado erróneamente de que el ministro saudí del Interior había ordenado a la policía disparar a matar a cualquier manifestante.

Y en la última década sus artículos desde la guerra siria fueron muchas veces percibidos como demasiado complacientes hacia el régimen de Bachar al Asad.

A Fisk no se le escapó su propia relevancia, ni trató de ocultarla. Con tanto ego como personalidad, se sentía portador de la llama eterna del periodismo y no dudaba en compartirla con las generaciones más jóvenes.

Resuenan aún en Beirut sus combates dialécticos (tan llenos de erudición como de cordial vanidad) con otro de los grandes de la región, el decano de los corresponsales españoles, Tomás Alcoverro, de "La Vanguardia".

Casado, y divorciado en 2006, con la también corresponsal Lara Marlowe, Fisk murió en Irlanda, su país de adopción y que le dio la nacionalidad.

"Fue valiente e independiente, con una comprensión profundamente documentada de las complejidades de la historia y la política de Oriente Medio. Ayudó a mucha gente a entender mejor esas complejidades", se despidió de él en Twitter el primer ministro irlandés, Micheál Martin.