JERUSALÉN (AP) — Cuando milicianos liderados por Hamás atacaron a Israel el 7 de octubre de 2023, parecía que los días del primer ministro Benjamin Netanyahu en el cargo estaban contados.
Con el país abrumado por el dolor y la ira tras el fallo de seguridad más mortífero de su historia, su dimisión parecía cuestión de tiempo.
Pero el veterano líder israelí, una figura divisiva, ha arañado, se ha abierto paso y ha luchado para volver durante un turbulento periodo de tres años de crisis internas incesantes y guerras en toda la región. Para desconcierto de sus críticos, ahora está en una reñida carrera por la reelección el martes.
Netanyahu ha sido el político más dominante del país durante casi dos décadas, y su legado está en juego. Un mal resultado podría poner fin a la larga carrera del hombre de 77 años con una nota amarga y abrir la puerta a una nueva era en la política israelí. Una victoria consolidaría su imagen como el superviviente político definitivo.
El ex primer ministro Ehud Olmert, antiguo aliado de Netanyahu convertido en rival, afirmó que nunca había habido tanto en juego, desde la seguridad nacional hasta el futuro de las instituciones democráticas de Israel y su posición en el mundo. Tras una serie de guerras que han desestabilizado la región y sacudido la economía global, el mundo observa de cerca.
Los políticos suelen decir que la elección actual es la más trascendental en la historia de su país, señaló Olmert, pero "esta vez realmente lo es".
La votación es un referéndum sobre Netanyahu
Los adversarios de Netanyahu, encabezados por el exjefe militar Gadi Eisenkot, ven el martes como un día de ajuste de cuentas. Sostienen que Netanyahu debe rendir cuentas por el 7 de octubre y por no convertir las victorias en el campo de batalla en logros diplomáticos.
"Lo que él ofrece es una guerra eterna", declaró Eisenkot, cuyo hijo y dos sobrinos murieron en combate, en una entrevista de radio. "Elegir a un líder cuyo único objetivo es no rendirse significa elegir a un líder que no entregará victorias".
Los partidarios de Netanyahu dicen que fue traicionado por los líderes de defensa de Israel y que ha conducido al país a un giro notable con golpes devastadores contra Hamás, el grupo libanés Hezbollah e Irán.
El líder israelí también ha recurrido a su uso tradicional de tácticas de miedo. Su lema de campaña, "Derecha o Palestina", que rima en hebreo, sugiere que sus oponentes establecerían un Estado palestino junto a Israel, algo que sus principales rivales rechazan con vehemencia.
La solución de dos estados, que aún se considera internacionalmente como la única forma realista de resolver el conflicto, es políticamente tóxica en Israel, otro legado del prolongado mandato de Netanyahu.
Las cicatrices del 7 de octubre han pesado sobre la campaña
Casi cada cartel, discurso de campaña o debate televisado parece hacer referencia al ataque del 7 de octubre, que ha marcado al país y sigue fresco en la mente de los votantes.
Unas 1.200 personas murieron ese día y otras 251 fueron tomadas como rehenes, los últimos de los cuales fueron devueltos en un acuerdo de alto el fuego el año pasado.
Israel respondió con una ofensiva militar que ha matado a más de 74.000 palestinos en Gaza, según las autoridades sanitarias locales, dejó el territorio en ruinas y desencadenó guerras de duración indefinida en Líbano e Irán. Netanyahu enfrenta una orden de arresto internacional, varios expertos han acusado a Israel de genocidio y la imagen de Israel se ha deteriorado aún más con un aumento de la violencia de colonos en Cisjordania, un territorio ocupado.
La mayoría de los israelíes de todo el espectro político rechaza las acusaciones de crímenes de guerra y genocidio. Pero los opositores de Netanyahu, incluidos muchos exrehenes, se refieren a su coalición saliente como el "gobierno del fracaso" y han prometido impulsar una investigación oficial sobre cómo se permitió que ocurriera el 7 de octubre.
Netanyahu se ha negado a una pesquisa de ese tipo y califica sus campañas militares en curso —e inconclusas— como una "guerra de redención".
Impulsado por el respaldo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, Netanyahu también ha intentado desviar la atención hacia Irán, amenazando con reanudar la guerra y prometiendo destruir su programa nuclear y derrocar a su gobierno.
"Donald, tenemos un trabajo que terminar. Tú lo dijiste y lo terminaremos juntos", afirmó en una conversación con Trump difundida por su campaña.
Los fallos del 7 de octubre han agravado las diferencias en el país
El gobierno de Netanyahu ha dejado a los israelíes amargamente divididos por otros asuntos, especialmente por un antiguo sistema que concede a los hombres ultraortodoxos exenciones del servicio militar.
En un país donde el alistamiento es obligatorio para la mayoría de los hombres y mujeres judíos, estas exenciones siempre han enfurecido al público en general. Pero el resentimiento ha crecido a medida que cientos de jóvenes soldados han muerto en combate y decenas de miles han sido apartados de sus familias y carreras para servir en la reserva.
Netanyahu, que mantiene estrechos vínculos con partidos ultraortodoxos políticamente poderosos, se ha resistido a los intentos de poner fin a las exenciones.
También ha indignado a muchos israelíes con sus intentos de reformar el sistema legal.
Antes de la guerra, Netanyahu, que está siendo juzgado por cargos de corrupción, impulsó un plan controvertido para debilitar a los tribunales. Eso provocó manifestaciones masivas contra el gobierno, con multitudes que lo acusaban de socavar el sistema de contrapesos del país para eludir el enjuiciamiento.
Cada bando ha acusado al otro de debilitar a Israel en vísperas de los ataques del 7 de octubre. El plan ha quedado en gran medida congelado desde entonces, pero los aliados de Netanyahu quieren reactivarlo.
Es poco probable que haya un ganador claro
Los israelíes votan por partidos políticos, no por candidatos individuales. Como ningún partido político ha capturado jamás por sí solo una mayoría de 61 escaños, los líderes políticos deben formar coaliciones.
Netanyahu ha sido un maestro en formar coaliciones con socios religiosos y nacionalistas, pero las encuestas de opinión sugieren una contienda ajustada entre su bloque y el encabezado por Eisenkot.
Los partidos árabes no alineados están haciendo una campaña intensa, y existe una fuerte posibilidad de que ninguno de los dos principales bloques judíos obtenga una mayoría. Eso podría preparar el terreno para semanas o incluso meses de negociaciones entre alrededor de una docena de partidos que se espera que obtengan escaños.
Los partidos pequeños podrían ganar influencia y podrían romperse promesas
Los aliados de Netanyahu y los integrantes del bloque de Eisenkot dicen que no gobernarán con socios árabes.
En medio de tanta incertidumbre, son posibles varios escenarios, incluido un gobierno de unidad entre Eisenkot y Netanyahu, o un gobierno encabezado por Eisenkot respaldado por socios árabes desde fuera de la coalición.
Eisenkot dice que no servirá en un gobierno de Netanyahu. Pero los políticos han roto promesas antes. La alternativa sería celebrar nuevas elecciones a comienzos del próximo año, lo que dejaría a Netanyahu en el cargo hasta entonces.
Los palestinos apenas son un tema
En gran medida ausente del discurso público israelí está cualquier debate sobre la situación desesperada en la Franja de Gaza o el gobierno militar israelí de duración indefinida sobre millones de palestinos.
El ataque del 7 de octubre, que llegó tras décadas de conflicto y cuatro guerras previas con Hamás, convenció a muchos israelíes de que no había un socio para la paz, mientras que Netanyahu y sus aliados han logrado en gran medida etiquetar a la izquierda israelí como débil o incluso traidora.
Los palestinos tienen pocas esperanzas de que sus vidas mejoren, independientemente de si Netanyahu gana o pierde.
Olmert, quien encabezó las últimas negociaciones serias con los palestinos antes de que un escándalo de corrupción lo obligara a dejar el cargo y Netanyahu lo reemplazara en 2009, dijo que los candidatos no están discutiendo la solución de dos estados porque no es popular entre los votantes.
Pero, dada la indignación internacional por la situación en Gaza y los ataques de colonos, sostuvo que será imposible que el próximo gobierno ignore el tema por mucho tiempo.
"Tarde o temprano, un nuevo gobierno tendrá que ocuparse de ello", manifestó.