Beit Awa, Cisjordania.- Durante casi tres semanas, los palestinos en Cisjordania, territorio ocupado por Israel, han sido en su mayoría de espectadores mientras Israel e Irán intercambian ataques aéreos. Pero cuatro mujeres se convirtieron en víctimas de la guerra la noche del miércoles.
Ellas, junto con más de una docena de amigas e hijas, estaban dentro de un salón de belleza cuando un misil impactó a solo unos pasos. La explosión lanzó metralla que desgarró paredes revestidas con estantes repletos de uñas acrílicas y frascos de esmalte turquesa y escarlata.
Amigos y familiares dolientes se reunieron el jueves cerca del remolque que ofrecía manicuras, pedicuras y servicios de cejas. Cientos de vasos de café y uñas acrílicas yacían esparcidos por el piso del salón, manchados de rojo por la sangre seca. Agujeros salpicaban las paredes metálicas y un pequeño cráter marcaba el lugar donde cayó el impacto.
Hadeel Masalmeh, copropietaria del salón, regresó con vendajes que cubrían heridas de metralla en el rostro y el cuerpo.
“Se suponía que no debía salir del hospital, pero quería despedirme de Sahera”, dijo, refiriéndose a su socia y cuñada.
El ataque mató a Sahera junto con otras tres mujeres de la extensa familia Masalmeh en Beit Awa: Maes, Aseel y Amal, que estaba embarazada de seis meses y se encontraba en el salón con su hija de 3 años.
La pequeña fue una de más de una docena de mujeres y niños que, según informó el Ministerio de Salud palestino, resultaron heridos en el ataque.
Por su parte, la Media Luna Roja Palestina indicó que algunos tuvieron que ser sometidos a cirugías o amputaciones.
Aunque no son un objetivo, los palestinos han visto cada noche cómo los misiles surcan el cielo y cómo los interceptores israelíes los hacen estallar arriba. Los fragmentos han golpeado edificios, incluido el caso de la semana pasada a las afueras de la ciudad cisjordana de Nablus, donde atravesaron una casa de tres pisos mientras su propietario estaba en las oraciones vespertinas.