Washington.- Arabia Saudí gastó miles de millones de dólares en la protección de un reino con enormes riquezas petroleras, pero no pudo contener un ataque con drones y un misil que se sospecha provinieron de Irán, exponiendo vulnerabilidades que ni siquiera el equipo militar estadounidense más avanzado pudo disimular.
Además de decidir si se deben tomar represalias militares contra Irán, los saudíes y sus aliados estadounidenses tienen que buscar formas de prevenir otro ataque como el del fin de semana pasado, o peor todavía, contra los puertos de exportación del petróleo en el Golfo Pérsico o las plantas de desalinización que abastecen de agua potable al reino.
El secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo se las vio en figurillas para explicar cómo pudo ser que los saudíes hayan bajado tanto la guardia y no hayan podido frenar un ataque con misiles crucero de vuelo bajo o drones armados, que estallaron en el centro de procesamiento de petróleo de Abqaiq -el más grande del mundo de su tipo- y el campo petrolero de Khurais.
Pompeo calificó los ataques de “inauditos” en un tuit publicado antes el jueves, luego de una reunión en Yidda con el príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, con quien abordó las agresiones con drones y misiles de crucero a una planta de procesado de petróleo y a un campo petrolífero.
El funcionario dijo que a veces hasta las mejores defensas aéreas fallan. “Este es un ataque de una escala que no habíamos visto en el pasado”, agregó Pompeo, quien describió la acción como “un acto de guerra”, pero no dijo si habrá una respuesta militar.