GAYAN, Afganistán.- Cuando la tierra fue sacudida por el terremoto de esta semana en Afganistán, la casa de piedra y lodo de Nahim Gul se desplomó sobre él.
Gul emergió de entre los escombros en la oscuridad pre matutina, asfixiándose con el polvo mientras buscaba a su padre y sus dos hermanas. No sabe cuántas horas se pasó escarbando antes de ver sus cuerpos bajo las ruinas. Los tres estaban muertos.
Ahora, días después de que un sismo de magnitud 6 devastó una remota región del sudeste de Afganistán y mató al menos a 1.150 personas, de acuerdo con estimados oficiales, Gul ve destrucción en todas partes y escasa ayuda. Sus sobrinos también murieron en el terremoto, aplastados por las paredes de su casa.
La ONU ha dicho que el total de muertos es 770 pero advirtió que la cifra podría aumentar.
“No sé qué nos va a suceder ni cómo vamos a reiniciar nuestras vidas”, Gul le dijo a la Associated Press el domingo: “No tenemos dinero para reconstruir”.
Ése es un temor compartido por los miles de afectados en aldeas pobres donde los daños del terremoto se sintieron más intensamente— en las provincias de Paktika y Jost, junto con las montañas escarpadas junto a la frontera con Pakistán.