CHOWCHILLA, California, EE.UU. (AP) — Jacob Smith ha estado en prisión durante dos décadas, pero, aun así, él y otros reclusos viajan regularmente a lugares lejanos y exóticos. No requieren pasaporte, solo un casco de realidad virtual.
"¡Fui a Tailandia, viejo!" recordó Smith con una sonrisa, describiendo la primera vez que usó un dispositivo de realidad virtual y fue transportado a los exuberantes paisajes y bulliciosos mercados del sudeste asiático.
Una organización sin fines de lucro con sede en Los Ángeles lleva esa tecnología a las prisiones de California con el objetivo de proporcionar a los reclusos un breve escape y, más importante aún, ponerlos en contacto con escenarios del mundo real que los prepararán para reintegrarse a la sociedad.
El mes pasado, durante un programa de una semana, varios reclusos de la Prisión Estatal de Valley, cerca de Fresno, se sentaron en sillas plegables de metal en un área común. Se agitaban en sus asientos mientras se les colocaban los cascos que se asemejan a gafas opacas. Sus cuellos se contorsionaban ligeramente y las sonrisas se extendían por sus rostros cuando comenzaban los videos de alta definición e iniciaban sus viajes.
Algunos vieron los paisajes del otro lado del mundo, incluyendo Bangkok, mientras que otros experimentaron escenas más prácticas, como entrevistas de trabajo. Los hombres se sientan frente a escritorios virtuales con entrevistadores también virtuales, que son relajados y estrictos, para darles las herramientas para encontrar empleo una vez que sean liberados.
"Para muchos de nosotros, el mercado laboral ha cambiado y las cosas son diferentes con el proceso de solicitud", dijo Smith, quien es elegible para salir en libertad condicional en 2031 y ahora es voluntario ayudando a sus compañeros reclusos a navegar la experiencia de la realidad virtual. "Sentarse frente a alguien y decirle por qué soy bueno para el trabajo es una experiencia que me pone nervioso".
Posteriormente, los voluntarios ayudan a los reclusos a procesar las emociones o traumas que surgieron durante sus experiencias. Sabra Williams, fundadora de la organización sin fines de lucro Creative Acts, califica a los dispositivos de realidad virtual como una "máquina de esperanza".
El programa surge de un proyecto de artes en prisión que Williams dirigió y que incluía teatro, música, poesía, danza y pintura. Ver a personas encarceladas participando en actividades artísticas la hizo preguntarse sobre otras formas de "traer el mundo exterior al interior".
Escuchó de personas que habían salido de prisión lamentándose de que la tecnología las había dejado atrás. Se sentían confundidas por cosas tan simples como poner gasolina, pagar en un supermercado o ir al cajero automático.
"Y lo que escucho de ellos es que les hacía sentirse fuera de lugar, y que solo pertenecían a la prisión", dijo.
Primero, el grupo de Williams buscó escenas en YouTube para recrear actividades cotidianas. Pronto comenzaron a crear sus propios videos centrados en viajes, escenarios constructivos, participación cívica, resolución de conflictos, arte e incluso meditación "para sorprender sus mentes y también educarlas".
Dicha tecnología podría tener un papel importante en la rehabilitación y, especialmente, en la reintegración a la sociedad, dijo Nancy La Vigne, decana de la Escuela de Justicia Penal de Rutgers-Newark en Nueva Jersey. Ella imagina a personas que no han estado en el mundo real durante mucho tiempo usando la realidad virtual para actuar en situaciones como realizar trámites ante el Departamento de Vehículos Motorizados o descubrir cómo tomar un autobús de la ciudad.
Otro beneficio podría ser un efecto calmante en los reclusos estresados. La Vigne señala una investigación publicada por la Asociación Estadounidense de Psicología, en la que se encontró que las personas encarceladas que vieron breves videos de la naturaleza mostraron menores niveles de agresión y fueron objeto de menos informes disciplinarios.
Pero debido a su alto costo y acceso limitado, a La Vigne le preocupan las "realidades prácticas", como las consecuencias no deseadas que surgen de aquellos que podrían quedar fuera de la experiencia de realidad virtual.
"No puedes limitarte a entregarlos o venderlos en la comisaría", dijo.
Richard Richard, un exrecluso, usó por primera vez un casco de realidad virtual hace unos seis años, cuando se lanzó el programa, y desde su liberación se ha convertido en voluntario de Creative Acts. Dijo que le impresiona lo mucho que ha avanzado la tecnología. Le encanta ver a sus compañeros reclusos usar los dispositivos por primera vez y luego progresar mientras lidian con traumas y problemas emocionales.
"Puede que físicamente estés aquí, pero mentalmente, espiritualmente, realmente puedes trascender este entorno", dijo.
El grupo lleva a cabo el programa, utilizando 100 cascos Oculus donados por Meta, en la población general y en confinamiento solitario. Los jóvenes infractores también son elegibles. Actualmente se realiza tres veces al año en cuatro prisiones de California, y Williams espera expandirlo por todo el estado y en todo el país.
El Departamento de Correccionales y Rehabilitación de California no respondió esta semana a las consultas sobre los planes para expandir el programa. Pero en agosto, al anunciar la introducción de la realidad virtual en la prisión de la Colonia Varonil de California en el condado de San Luis Obispo, el departamento dijo que el uso tiene el potencial "de sanar traumas, regular la respuesta emocional y prepararse para un reingreso seguro y exitoso en la sociedad".
El viaje introductorio de dos minutos a Tailandia suele ser muy emotivo para muchos reclusos, algunos de los cuales "nunca habían salido de su cuadra, y mucho menos del país", dijo Williams.
"Y muchas veces la gente se quitaba los cascos y lloraban", dijo. "Porque decían: ´No sabía que el mundo era tan hermoso´".