Sarah Mullally, nueva arzobispa de Canterbury

La exenfermera oncológica hace historia en la iglesia anglicana

Londres, Ing.- La nueva arzobispa de Canterbury llamó tres veces a las puertas de la gran catedral de la ciudad el miércoles, exigiendo ceremonialmente que se le permitiera entrar, una tradición de siglos para cada nuevo líder de la Iglesia Anglicana.

Pero esta vez, por primera vez, fue una mujer quien llamó. Y las puertas se abrieron.

Sarah Mullally, una exenfermera oncológica que se convirtió en sacerdotisa a los 40 años, entró en la catedral para celebrar su histórica elección como la primera mujer arzobispa de Canterbury desde que el cargo fue creado hace más de 1,400 años.

Sarah Mullally, de 63 años, se convirtió formalmente en arzobispa de Canterbury en enero, aunque el acto del miércoles marca el inicio de su ministerio público como jefa de la Iglesia Anglicana y como líder espiritual de la Comunión Anglicana mundial. La comunión es una asociación de iglesias independientes, de la que forma parte la Iglesia Episcopal en Estados Unidos, que en conjunto suman más de 100 millones de miembros.

“Caminamos con Dios — confiando en que Dios camina con nosotros. Confiando en que – en todo lo que enfrentamos, en el dolor y los desafíos tanto como en la alegría y el deleite – no caminamos solos”, dijo Mullally.

A la ceremonia en la Catedral de Canterbury asistieron el príncipe Guillermo, la princesa Catalina, el primer ministro británico Keir Starmer.

De enfermera a arzobispa

Mullally, que está casada y tiene dos hijos ya adultos, nació en 1962 en Woking, al suroeste de Londres.

Nacida en Woking, al suroeste de Londres, en 1962, Mullally asistió a escuelas locales y trabajó como enfermera en el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido hasta que fue nombrada jefa de enfermería de Inglaterra a los 37 años, siendo la persona más joven en ocupar ese cargo.

Mientras aún trabajaba en ese puesto, comenzó a formarse para el ministerio.

Fue nombrada arzobispa de Canterbury tras un proceso de selección de varios meses llevado a cabo por un comité de altos clérigos y laicos, incluidos representantes del gobierno y de la Comunión Anglicana.