Donald Trump impulsa gobiernos de derecha en Sudamérica

Trump redirige fondos y promueve coaliciones para controlar el hemisferio occidental.

BUENOS AIRES, Argentina., octubre 5 (ANSA/EL UNIVERSAL).- Si en la segunda vuelta presidencial de Brasil se confirma el triunfo de Flávio Bolsonaro, Sudamérica tendrá solo tres naciones que no estén gobernadas por mandatarios de derecha o ultraderecha, un escenario a la medida de las intenciones y voracidades de Donald Trump.

Influencia de Donald Trump en gobiernos sudamericanos

Solo Uruguay (Yamandú Orsi, Frente Amplio, izquierda) y los pequeños estados de Surinam (Jennifer Geerlings-Simons, Partido Nacional Democrático, socialismo) y Guyana (Mohamed Irfaan Ali, Partido Progresista del Pueblo, socialismo liberal) quedarán con presidentes que no son "trumpistas" y ostentan un signo partidario de izquierda.

Un "patio trasero" para deleite de la Casa Blanca, justo cuando los sondeos de cara a las elecciones de medio término en Estados Unidos preanuncian proféticamente malas señales e, incluso, emergen fisuras en el interior del movimiento Make America Great Again (MAGA por sus siglas en inglés).

Es que Sudamérica viene experimentando un marcado giro hacia gobiernos de derecha y centroderecha alineados con la estrategia de Estados Unidos, aunque con Brasil ejerciendo como principal contrapeso, con el gobierno progresista de Lula da Silva, ahora en riesgo de colapsar el 25 de octubre.

El ultraliberal y "outsider" argentino Javier Milei, un imitador del desparpajo discursivo y altisonante del magnate estadounidense, representa al principal aliado de Washington. Se suman, sin rubores, una estela de líderes de derecha como el colombiano Abelardo de la Espriella, el chileno José Antonio Kast, el paraguayo Santiago Peña, el ecuatoriano Daniel Noboa y el boliviano Rodrigo Paz.

Estrategias militares y financieras de Estados Unidos en Sudamérica

Particular es el caso de Venezuela, donde permanece una presidenta interina que proviene del chavismo (izquierda populista), Delcy Rodríguez, pero que ha mostrado marcada sintonía con los dictados de Washington, lo que ha llevado al gobierno cubano a llamarla "traidora".

El 3 de enero pasado, tropas estadounidenses, en una acción de sorprendente ingeniería militar que violó todos los postulados del derecho internacional, ingresaron al país caribeño, apresaron al presidente Nicolás Maduro y lo trasladaron a la fuerza a una prisión estadounidense para ser juzgado. Desde entonces, Caracas responde a los deseos de Trump y se ha abierto a que las empresas estadounidenses exploten su petróleo.

Estados Unidos está obteniendo "miles y miles de millones" de dólares del petróleo venezolano y una parte del crudo servirá "muy pronto" para rellenar prácticamente gratis las reservas estratégicas estadounidenses, dijo recientemente Trump.

Otra de las iniciativas más destacadas de la Casa Blanca en el marco de esa "derechización" de la región fue la creación del Escudo de las Américas. Una coalición contra el crimen organizado y el narcoterrorismo que suma a 15 países del hemisferio, con Brasil de Lula fuera, aunque una elección de Bolsonaro seguramente pondría al país en ese eje. Tiene como objetivos combatir a los cárteles de la droga mediante una mayor cooperación entre las fuerzas de seguridad, compartir información de inteligencia militar y policial entre los países miembros, frenar la migración irregular y el tráfico de personas, proteger el suministro de minerales esenciales y revisar las inversiones extranjeras en infraestructura.

Hace unos días, la administración Trump decidió redirigir 52 millones de dólares de asistencia militar estadounidense que originalmente estaban destinados a Eslovaquia, Macedonia del Norte, Túnez e Irak hacia Panamá, Perú, Ecuador y Colombia.

La medida forma parte del giro de Washington hacia una política exterior que sitúa al hemisferio occidental entre sus principales prioridades estratégicas. Incluso, la decisión generó un enfrentamiento con legisladores demócratas de las comisiones de Relaciones Exteriores del Congreso, quienes cuestionaron que parte de los fondos se había asignado específicamente para respaldar a Ucrania y a países europeos aliados de Kiev.

Además, Trump ha dejado abierta la posibilidad de establecer una base militar en Venezuela o en otro punto de Sudamérica, aunque no ha concretado la ubicación, el calendario ni las características de un eventual despliegue permanente. Control en el subcontinente desde Washington, pero también embate a las apetencias comerciales y expansionistas de China en la zona.

"Estamos considerando hacer muchas cosas", respondió Trump ante una consulta sobre la estrategia militar de Estados Unidos en Sudamérica.

Financieramente, también se evidencia el enfoque de Washington. La administración Trump ayudó al gobierno de Milei mediante un fuerte respaldo político y un millonario salvataje financiero (20 mil millones de dólares) para sostener la economía y el esquema cambiario argentino, y posibilitó una victoria de los ultraliberales en octubre del año pasado. Una situación que puede repetirse. "¿Si podríamos volver a hacerlo? Claro", dijo días atrás el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, en referencia a las presidenciales de Argentina previstas para el año próximo y en las que probablemente Milei busque la reelección.

Claramente, si Lula abandona el Palacio del Planalto, todo será aún más fácil.

Como la inolvidable frase del canciller Guido Di Tella, durante el gobierno del argentino Carlos Menem, en la década de los 90: "Relaciones carnales con Estados Unidos".