LA HABANA.- Todos los jueves y domingos al mediodía, decenas de personas se arremolinan ante la entrada de un edificio situado en el barrio del Vedado, en La Habana. Laura Mendoza baja de su apartamento, abre la puerta principal y comienza a verificar sus nombres en una lista para entregarles las medicinas que le encargaron por WhatsApp.
El antihistamínico cetirizina, el diurético furosemida, el oftálmico timolol y el antibiótico gentamicina integran el largo inventario. Mendoza no cobra por ellos un centavo.
Farmacias comunitarias como “La medicina no se vende”, que dirige Mendoza, son una de las soluciones que los cubanos han encontrado para conseguir medicamentos, uno de los problemas más serios que trajo aparejada la crisis actual.
Ofertas en internet, grupos de WhatsApp o Telegram, plataformas de comercio y hasta puestos callejeros ocuparon el espacio de las farmacias estatales que fueron la única forma de adquirir los medicamentos a precios subsidiados.
La situación se ha vuelto tan compleja que en julio las autoridades publicaron un decreto que autoriza el próximo funcionamiento de farmacias privadas, un cambio histórico en la salud pública de la isla.