La manifestación, realizada a pesar de la amenaza del gobierno de presentar acusaciones judiciales contra los manifestantes, fue una de las más grandes de los últimos años, reflejo de la confianza creciente de los opositores frente a una junta que ha perdido prestigio debido a una serie de escándalos de corrupción.
Los manifestantes se congregaron cerca del Monumento a la Democracia, un lugar donde tradicionalmente se realizan actos políticos, mientras un centenar de agentes policiales los vigilaban.
Más de 30 activistas por la democracia deben responder a cargos penales debido a una protesta a fines del mes pasado, pero aparentemente muchos de ellos asistieron a la del sábado.
“Está muy claro que a pesar de las tácticas de miedo e intimidación y las acusaciones infundadas de la junta, los manifestantes siguen expresando sus derechos y su libertad pacíficamente”, dijo Sunai Pasuk, investigador en Tailandia del grupo Human Rights Watch con sede en Nueva York. “Le recuerdan a la junta sus propias promesas de llamar a elecciones este año y que Tailandia regrese a la democracia”.