Nueva York.- Los icónicos taxis amarillos de Nueva York se encuentran asfixiados por las deudas y por la competencia desleal de Uber y otras plataformas de alquiler, y tras el suicidio de nueve compañeros en los últimos años, han emprendido una protesta, con huelgas de hambre incluida, para forzar a la ciudad a reducir sus cargas económicas.
Hace ocho días que choferes de estos taxis, tan vinculados a la imagen de Nueva York como la Estatua de la Libertad, dieron el paso extremo de no comer y dormir en sus vehículos, a unos metros del Ayuntamiento, a la espera de que el alcalde Bill de Blasio acepte su propuesta para reducir la deuda, que para algunos puede ser de más de 700.000 dólares por su licencia de taxi.
Allí han levantado un altar con nueve velas y flores y los nombres de otros tantos compañeros muertos desde 2017, desesperados por no poder pagar sus deudas.
El anterior alcalde, Michael Bloomberg, decidió aumentar el número de “medallones” -como se conoce a estas licencias-, que hasta entonces habían costado entre 110.000 y 140.000 dólares, y convocó varias subastas ad hoc, en las que se infló el precio de las licencias creando una burbuja.