Lima, Perú.- En una silla de ruedas, Emma Salvador, de 84 años, se esforzaba para respirar ayudada por una mascarilla de alto flujo de oxígeno mientras su hijo la abanicaba con unas hojas de papel.
Forma parte de los 14.420 infectados por el nuevo coronavirus en Perú y es atendida en medio del alud de pacientes que acuden a la emergencia hospitalaria cuando sienten que les falta el oxígeno.
Los médicos del hospital Dos de Mayo de Lima realizan grandes esfuerzos para atender a los pacientes. Este hospital, preferido por los estudiantes de medicina porque encuentran una gran variedad de patologías en neumología y fundado en 1875, adaptó un patio donde se colocó carpas para atender unos 100 pacientes diarios, incluso a detenidos por algún delito que llegan vigilados por policías.
Dentro de las carpas, las pocas camas están llenas y en unas bancas aledañas, hombres y mujeres se muestran encorvados, jadeando, solitarios y con la desesperación en los ojos.
Algunos médicos creen que, pese a sus esfuerzos y a la estricta cuarentena ordenada por el gobierno, el hospital colapsaría debido a que la cifra de pacientes se incrementará, así como el número de quienes necesitan un ventilador mecánico. También, que la situación sería más difícil en los próximos días cuando se dispare el pico de infectados.
El hospital está dividido en dos: la zona del coronavirus y el resto. Y cuando un infectado es trasladado por la frontera entre ambas áreas, los vigilantes retroceden con pavor varios metros atrás debido a que no visten trajes adecuados para protegerse.