Islamabad, Pakistán.- Tan pronto como un terrorista suicida se inmoló en una mezquita de Peshawar, escenas de sangre, humo, pánico y heridos pidiendo ayuda se apoderaron del lugar, donde al menos cien personas murieron, en su mayoría policías, en un atentado que recuerda a la época más oscura en Pakistán.
“Cuando llegué a la mezquita había humo, cadáveres y restos mortales por todas partes y la gente gritaba pidiendo ayuda”, relató Inayat Ullah, un político local que se encontraba en el recinto policial que albergaba la mezquita en el momento de la explosión el lunes.
“Fue tan fuerte que hizo temblar todas las puertas y paredes de la oficina en la que estaba”, agregó. Se dirigió de inmediato al lugar de la catástrofe acompañado por un oficial de Policía, cuando presenció “las escenas más horribles” de su vida.
Cien personas murieron y otras 157 resultaron heridas en ese atentado, según los últimos datos oficiales, convirtiéndose en uno de los más mortíferos contra la Policía paquistaní.
La explosión fue tan potente que pudo escucharse a varios kilómetros de distancia, y según la Policía, se emplearon unos 12 kilos de explosivos, lo que explica que no solo derribase el techo del lugar sagrado bajo el que oraban cientos de fieles, sino que dañase los edificios de su alrededor.
Pero junto a Ullah, otras muchas personas acudieron apresuradamente a la mezquita, a la ayuda de sus amigos y familiares que habían quedado atrapados bajo los escombros y llamaban por teléfono para pedir ayuda.
GRITOS DE SOCORRO
Los gritos de uno de ellos, al que los restos de un pilar habían atrapado su pie impidiéndole salir, han quedado grabados en la memoria de Zia Uddin, uno de los rescatadores de la Fundación Al-Khidmat que llegó al fatídico lugar del siniestro.
“Estaba gritando una y otra vez, ‘córtenme el pie, pero sáquenme”, recordó Uddin.
Uno de sus compañeros en las tareas de rescate, Tahir Afridi, también trasladó al hospital en ambulancia cadáveres y heridos, aunque aseguró que fueron varias las personas a las que vio perecer de camino al centro médico.
“Recogí a uno, murió, corrí hacia el otro, también murió y otro cerca de él murió en el mismo momento”, lamentó este oficial de rescate de Al-Khidmat.
Según el portavoz del Hospital Lady Reading al que eran trasladados los heridos, su caso no fue el único. Fueron también muchos los cuerpos que llegaron al centro en tan mal estado que apenas eran reconocibles.
“Se habían separado órganos humanos de varios cadáveres”, detalló Asim Khan.
La ubicación de la mezquita, en el interior de un complejo policial en una de las zonas más sensibles y seguras de la localidad, ha generado un enorme malestar entre los familiares de las víctimas, que no comprenden cómo el terrorista pudo entrar tan tranquilamente en un espacio que estaba fuertemente custodiado.