Washington.- Donald Trump inauguró anoche la celebración del Día de la Independencia con un acto en el Monte Rushmore, famoso por los rostros de cuatro exmandatarios tallados sobre la montaña, en el que defendió los monumentos del país, cuando ha cobrado fuerza un debate sobre su significado y el racismo.
“El Monte Rushmore será para siempre como un tributo eterno a nuestros antepasados y nuestra libertad”, declaró Trump desde una tarima decorada con banderas estadounidenses y que tenía como telón de fondo el imponente monumento en la montaña.
“Este monumento nunca será profanado. Estos héroes nunca serán desfigurados. Su legado nunca, nunca será destruido”, puntualizó, mientras los asistentes lo animaban con aplausos y coros de “USA, USA”.
“Nuestra nación está siendo testigo de una campaña despiadada para borrar nuestra historia, difamar a nuestros héroes, borrar nuestros valores y adoctrinar a nuestros hijos”, alertó.
La famosa ladera de Dakota del Sur donde están esculpidos los rostros de los expresidentes George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln y Theodore Roosevelt es para miles de indígenas estadounidenses un lugar sagrado en el que tallaron los rostros de sus “colonizadores”.
Y se convirtió en escenario de una ceremonia que tiene lugar cuando EU vive un proceso de reflexión sobre el historial racista.
Grupos de personas, entre ellas nativos americanos, protestaron este sábado por la llegada de donald Trump e intentaron bloquear con vehículos la vía hacia el monte, pero fueron retirados por la Policía y la Guardia Nacional encargadas de resguardar la zona, según imágenes difundidas en redes sociales.
El acto conmemorativo, al que asistió la primera dama, Melania Trump, y en el que eran esperadas unas 7.500 personas, se desarrolló sin las reglas de distanciamiento social recomendadas por las autoridades sanitarias.
Además, pocos asistentes usaban cobertor facial, prenda que en ciertas sitios ha empezado a exigirse de forma obligatoria por cuenta del rebrote de los casos de la COVID-19 en el país.