Washington, EEUU (EFE).- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, consideró este jueves un posible juicio político, que evalúan los demócratas del Congreso, como algo "sucio, asqueroso y repugnante", al tiempo que volvió a criticar al exfiscal especial Robert Mueller, que dirigió la investigación de la trama rusa.
Trump, que habló con los periodistas en los jardines de la Casa Blanca antes de tomar un helicóptero para hacer una visita a Colorado, calificó a Mueller de "verdadero antiTrump".
El miércoles el fiscal especial dio por cerrado su trabajo y dejó en manos del Congreso la posibilidad de iniciar un proceso contra Trump por una supuesta obstrucción a la Justicia en este caso.
En respuesta a una pregunta de los periodistas sobre si esperaba ser objeto de un juicio político, Trump contestó: "No lo veo ahora... Es una palabra sucia, asquerosa y repugnante... Es un acoso presidencial gigantesco", dijo.
Durante su intervención de ayer, Mueller anunció su renuncia al puesto una vez terminada la investigación e indico que una acusación formal contra Trump "no era un opción" dadas sus limitaciones legales y trasladó la decisión al Congreso.
Durante su comparecencia del miércoles ante la prensa, Mueller explicó que acusar al presidente de un delito no fue una opción que pudiese considerar por motivos legales.
La normativa gubernamental estipula que no se puede imputar al presidente por un delito federal mientras esté en el cargo, ya que es considerado inconstitucional.
Aun así, Mueller agregó: "Si hubiésemos tenido confianza en que el presidente claramente no cometió un delito, lo habríamos dicho".
La decisión sobre comenzar o no un juicio político al presidente queda en el Congreso, donde los demócratas están divididos dadas las posibles implicaciones políticas que tendría de cara a las elecciones de 2020.
El proceso debería iniciarse en la Cámara de Representantes, donde el Partido Demócrata tiene la mayoría, y si se aprobasen los cargos el juicio se hace en el Senado, controlado por el Partido Republicano.
Para abrir el proceso de destitución en la Cámara Baja se necesitaría de mayoría simple, con lo que es posible que los demócratas lo iniciaran, pero fracasaría con toda probabilidad en el Senado.
Y es que en la Cámara Alta al menos 20 de los 53 senadores republicanos deberían votar en contra de Trump para alcanzar los dos tercios que permitan que el procedimiento de destitución triunfe.
La presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, hasta ahora se ha resistido a la petición de una minoría de la bancada demócrata para que se inicie el proceso de destitución, ya que considera que el trámite resultaría fútil a menos que los republicanos respalden el proceso.
Pelosi prefiere que continúen las investigaciones que diversos comités del Congreso llevan a cabo sobre Trump, con la expectativa de que esas pesquisas tengan más impacto sobre la opinión pública y los republicanos.