Washington.- En su primer mandato, Donald Trump puso a prueba los límites de la forma en que podría usar al ejército para objetivos políticos. Si llega a la presidencia, el republicano y sus aliados se preparan para ir mucho más allá, reconfigurando al ejército como una herramienta todopoderosa que se desplegaría en el territorio estadounidense.
Mientras la campaña de Trump se acerca a su última etapa contra la vicepresidenta demócrata Kamala Harris, el expresidente promete drásticas acciones contra los inmigrantes que no cuenten con un estatus legal permanente. En un discurso pronunciado el viernes en Colorado, el republicano describió a la ciudad de Aurora como una “zona de guerra” controlada por pandillas venezolanas, aunque las autoridades dijeron que se trataba de un solo bloque del suburbio de Denver, y que el área ha vuelto a ser segura.
El expresidente y sus asesores ya desarrollan planes para cambiar las prioridades y recursos del ejército, incluso en un momento en el que las guerras sacuden Europa y Oriente Medio. La prioridad de Trump en su plataforma, conocida como Agenda 47, es implementar severas medidas en la frontera entre Estados Unidos y México “trasladando (a esa frontera) a miles de soldados que actualmente están en el extranjero”. También se compromete a “declara la guerra” a los cárteles y desplegar a la Armada en un cerco que abordaría e inspeccionaría los barcos para detectar fentanilo.