CIUDAD DE MÉXICO, febrero 11 (EL UNIVERSAL).- Cada día, al menos cinco personas menores de edad son captados como soldados, informantes, cocineros, cargadores, esclavos sexuales o usados como escudos humanos, de acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), que asegura que más de 473 millones de niñas y niños viven en contextos afectados por conflictos armados.
Reclutamiento forzado de menores en América Latina y África
En el marco del el Día Mundial de las Manos Rojas, una jornada de acción global para exigir el fin del reclutamiento y utilización de niñas, niños y adolescentes por parte de grupos armados estatales y no estatales, el organismo civil Tejiendo Redes Infancia América Latina y el Caribe destacó en un comunicado que en países como México, Colombia, Sudán o República Democrática del Congo, el reclutamiento forzado persiste como consecuencia de la pobreza, la violencia estructural, la falta de oportunidades educativas y laborales, y la impunidad.
Riesgos específicos para niñas y marco legal internacional
Señaló que las niñas enfrentan riesgos específicos, como violencia sexual, embarazos forzados o estigmatización social, lo que requiere un enfoque de género en las políticas de prevención y atención.
Dijo que el derecho internacional es claro: el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes en conflictos armados está prohibido por la Convención sobre los Derechos del Niño y su Protocolo Facultativo relativo a la participación de niños en conflictos armados, así como por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, que lo reconoce como crimen de guerra. Estos instrumentos obligan a los Estados a prevenir, sancionar y reparar esta práctica, garantizando a las víctimas su restitución de derechos y reintegración en condiciones de dignidad.
La campaña "Niñez Libre de Guerra" se sumó a esta lucha global al hacer un llamado a la acción para exigir que los gobiernos tipifiquen el reclutamiento forzado; reclamar programas de desvinculación, reparación y apoyo psicosocial para todas las niñas, niños y adolescentes que hayan sido usados por grupos armados, y promover una cultura de paz, en la que las infancias y juventudes no sean vistas como amenazas, sino como personas con derechos plenos.