Papa León XIV visita cárcel en Bata y llama a justicia humana

León XIV exhortó a superar desigualdades y a un sistema de justicia que ayude a reconstruir vidas.

BATA, Guinea Ecuatorial, abril 22 (ANSA/EL UNIVERSAL).-

León XIV, por primera vez de pontífice, ingresa en una cárcel. Lo hace en Bata, en el litoral de Guinea Ecuatorial, una penitenciaria conocida por las asociaciones humanitarias, a partir de Amnistía Internacional, por sus duras condiciones, con reclusos a veces aislados de sus familias y abogados. Hoy, todo está impecable, las paredes recién pintadas, la ceremonia se desarrolla sin contratiempos, incluso los detenidos hablan en nombre de todos. El Papa está aquí, y la prisión quiere mostrar su mejor cara.


Pero esto no exime a

León XIV de su llamado al "

respeto a la dignidad de todos", a la "humanidad" y a un

sistema de justicia que no sólo busque "castigar", sino también ofrecer una nueva oportunidad a quienes han cometido errores. El Papa Prevost sabía que llegaba a una tierra donde los derechos humanos no se respetan plenamente. Hay prisiones, lúgubres calabozos y abusos, pero también se observa una vez más una distribución de la riqueza demasiado injusta.
"El Creador los ha dotado de tantas riquezas naturales: los exhorto a cooperar para que sean una bendición para todos", dijo el pontífice durante la misa en Mongomo, en la basílica con cúpula y columnata que recuerda vagamente a la Basílica de San Pedro en Roma.
El Papa invita "a cada uno, según las diferentes responsabilidades, a trabajar por el bien común y no por intereses particulares, superando las injustas desigualdades entre privilegiados y desfavorecidos".
En primera fila de la misa se encuentra el presidente, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, firmemente en el cargo durante 46 años, con elecciones en las que el resultado a su favor superó el 90 por ciento. También está presente Teodirin, su hijo y vicepresidente, porque esta región de Ecuador siempre fue gobernada por una familia. El actual mandatario asumió el cargo mediante un golpe de Estado, derrocando a otro miembro de la misma familia, su tío. Las acusaciones de organizaciones internacionales, así como la condena del hijo del presidente por lavado de dinero en Francia, ensombrecen la gobernanza del país.
Empero hoy es justo el jefe de Estado, con un gesto fuera del protocolo, quien recibe al Papa en la puerta de la basílica. El Papa no hace concesiones, ni siquiera cuando pisa la penitenciaría de Bata. "La administración de justicia busca proteger a la sociedad, pero para ser eficaz, debe invertir siempre en la dignidad y el potencial de cada persona", enfatizó, y añadió que "la verdadera justicia no busca tanto castigar, sino sobre todo ayudar a reconstruir la vida de las víctimas, los perpetradores y las comunidades heridas por el mal. No hay justicia sin reconciliación". Para el Papa, la seguridad debe ir de la mano del "respeto y la humanidad".
Pronunció estas palabras ante el ministro de Justicia, Reginaldo Biyogo Mba Ndong, quien, antes de la llegada del Papa, había descrito la prisión a los periodistas como un modelo de "derechos humanos". "Aquí no hay hacinamiento; nos centramos en la recuperación y la reinserción social. Si leen cosas distintas en las redes sociales, es porque somos un país democrático donde todos pueden expresar su opinión".
Los jóvenes reclusos, casi todos hombres (hay unas treinta mujeres entre los más de seiscientos presos), alineados en el patio, se conmovieron. Les raparon el pelo y les pusieron uniformes naranjas o verde oliva, según su sección. Cantaron y bailaron frente a León. "Cumplimos nuestra condena sabiendo que obtendremos el perdón", reza el estribillo en español. Pero en cuanto el Papa abandonó la prisión, escoltado por la seguridad bajo un aguacero torrencial, rompieron filas gritando a viva voz "Libertad, libertad!".