Ciudad de México.- La imagen actual de la Alameda Central dista de la que dejó la remodelación de 2012. Catorce años después, los andadores del parque más antiguo de América están ocupados por el comercio ambulante, jóvenes en patineta y un kiosco con acceso restringido.
El agua de las fuentes que entonces amenizaban con su baile e iluminación el andar de los visitantes, ahora se ven desgastadas, con algunas piezas rotas e, incluso, rodeadas de puestos que ofertan elotes o chicharrones.
El Hemiciclo a Juárez permanece cercado por vallas metálicas que han sido pintadas con la bandera de Palestina, hasta colectivos instalaron el antimonumento por Palestina, como rechazo al conflicto en Gaza. Atrás del monumento el piso está roto, al igual que en varias zonas de los andadores; algunas bancas lucen con pintas.
En un recorrido se observó que impera la presencia de comerciantes, desde su límite con la calle peatonal Ángela Peralta hasta el otro extremo con Doctor Mora.
En 2012, el Gobierno de la Ciudad de México destinó 240 millones de pesos para la rehabilitación de la Alameda Central, la cual permaneció cerrada durante ocho meses hasta su reinauguración el 26 de noviembre de ese año.
La Alameda Central ha tenido varias intervenciones a lo largo de su historia. Entre ellas está la de 1973, cuando el entonces Departamento del Distrito Federal demolió el pergolado; se pavimentaron calzadas y glorietas con cantera; se repararon fuentes, esculturas y el único kiosco que hasta la fecha se mantiene en el parque; además se introdujo un nuevo sistema de drenaje y riego, según recordó la historiadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ramona Pérez Bertruy.
“Se trata de un jardín histórico y, en términos de conservación, debe de ser tratado como tal, por lo que una intervención debe ser con el menor impacto posible para preservar su originalidad”, afirmó a este diario.