Chilpancingo, Gro.- Era la una de la mañana del 9 de abril cuando los dos hijos de Alma tocaron la puerta de la casa de sus abuelos, en el municipio de Huamuxtitlán, en La Montaña.
Minutos atrás dos hombres armados irrumpieron a su casa en el barrio de San Pedro, en la periferia del pueblo. Entraron hasta la recámara de Alma y se la llevaron.
Los dos niños, de seis y 10 años, lo único que pudieron hacer fue ir con sus abuelos para avisarles. Esa fue la última vez que vieron con vida a su madre. Alma regresó a Huamuxtitlán este viernes, pero lo hizo dentro de un ataúd montado en la batea de una patrulla de tránsito.
Esa madrugada del 9 de abril, cuando los hijos de Alma llegaron a la casa de sus abuelos, la familia intentó tomarla con calma. Pensaron que Alma regresaría pronto, que tal vez fue una confusión, recuerda su hermana Guadalupe, quien estuvo parada en la puerta del Servicio Médico Forense (Semefo) en Chilpancingo, donde le entregaron el cuerpo de su hermana.
Esa misma noche y al día siguiente no hubo noticias del paradero de Alma; jamás regresó. Entonces presentaron la denuncia ante el MP. Mientras, Guadalupe y sus familiares comenzaron la búsqueda: fueron rumbo al municipio de Alpoyeca, recorrieron colonias y los alrededores de Huamuxtitlán sin éxito alguno.
A las 12:30 de la tarde de este viernes, en la batea de una patrulla de tránsito, salió el ataúd con los restos de Alma de regreso a Huamuxtitlán. Esa fue la única forma que encontró los familiares para llevarla de regreso. Pidieron ayuda al ayuntamiento porque no tuvieron más dinero para pagar el servicio de una carroza.
Tampoco tuvieron para el ataúd; en realidad eso corrió por cuenta del gobierno de Huamuxtitlán. “Habrá costado unos dos, máximo 3 mil pesos”, menciona el chofer de la patrulla que lleva en la parte trasera el modesto ataúd.
En Huamuxtitlán la tarde del viernes esperaban a Alma para sepultarla. No hubo velación.
“Todo esto es muy duro, preferimos que sea así”, reconoce Guadalupe. Para los familiares fueron días duros, de desvelos, de búsqueda incesante y, luego del hallazgo, de muchos trámites.
Pero a Guadalupe también le preocupan sus padres y sus dos sobrinos. “Los niños ya saben que mataron a su mamá, están bien, pero creemos que es porque todavía no lo asimilan”, refiere.