En México, el desconocimiento de los derechos humanos ha cobrado las vidas de al menos cinco hombres, en los últimos cuatro meses, a manos de agentes policiacos.
El pasado 27 de marzo, en Tijuana, un policía colocó su bota encima del cuello de Yair, un guardia de seguridad, y lo desnucó.
Su homicidio quedó documentado en un video.
La corporación identificó al joven como una persona de la calle, pero sus parientes aseguran que era un padre de familia.
Alejandro Giovanni López Ramírez, un albañil de 30 años de edad, murió el 5 de mayo pasado a causa de los golpes que le dieron elementos municipales de Ixtlahuacán de los Membrillos, en el Área Metropolitana de Guadalajara.
Aunque su homicidio es considerado una ejecución extrajudicial por la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ) y hay tres agentes bajo proceso, aún persisten muchas dudas sobre lo que realmente ocurrió.
La noche del 2 de mayo, Carlos Navarro Landa, joven serigrafista xalapeño y padre de cinco niños, fue reportado por vecinos por escandalizar en la vía pública.
Lo detuvieron agentes estatales y horas más tarde murió en los separos de la Secretaría de Seguridad Pública a causa de un infarto y múltiples traumatismos, de acuerdo con su acta de defunción.
A las 22:30 horas del pasado 9 de junio, en la comunidad de Vicente Camalote, en el municipio de Acatlán de Pérez Figueroa, Oaxaca, un tiro acabó con Alexander, de 16 años, un adolescente que soñaba con ser futbolista profesional.
Después de su muerte se conoció que también en Oaxaca, agentes de San Pablo Huitzo entregaron a dos hermanos para que fueran linchados; uno de ellos murió. El hecho ocurrió el 6 de mayo.