De acuerdo con Kershenobich, inicialmente una prueba resultó positiva, pero posteriormente la FDA determinó que se trató de un falso positivo, por lo que actualmente no existe evidencia que vincule ese producto con el brote.
Aunque las autoridades mexicanas descartan un brote, mantener una correcta higiene de los alimentos sigue siendo una de las principales recomendaciones para disminuir el riesgo de contraer ciclosporiasis y otras enfermedades transmitidas por alimentos.
Los CDC señalan que la forma más efectiva de limpiar lechuga, espinaca y otras verduras de hoja consiste en enjuagarlas directamente bajo el chorro de agua potable, ya que esta práctica ayuda a retirar tierra, residuos y parte de los microorganismos presentes en la superficie.
Antes de manipular cualquier alimento es recomendable lavar las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos, además de desinfectar las superficies, tablas y utensilios utilizados en la preparación.
También se aconseja retirar las hojas exteriores y eliminar cualquier parte golpeada, marchita o dañada antes del lavado.
Las hojas deben frotarse suavemente con las manos mientras permanecen bajo el agua corriente. Los especialistas indican que no es recomendable dejarlas en remojo, ya que los microorganismos presentes en una hoja pueden dispersarse al resto del contenido del recipiente.
Después del enjuague, las verduras deben escurrirse en un recipiente limpio o secarse con papel absorbente nuevo.
En el caso de las cebollas, la recomendación consiste en retirar la raíz y la capa exterior antes de enjuagar toda la superficie.
También se recomienda cocinar frutas y verduras a temperaturas de 70 grados Celsius o superiores para eliminar el parásito responsable de la enfermedad.
Otra práctica que puede complementar la limpieza consiste en utilizar una mezcla de tres partes de agua y una de vinagre. Aunque esta solución no destruye el parásito, sí puede contribuir a remover residuos adheridos a la superficie de frutas y verduras.
La ciclosporiasis es una infección intestinal ocasionada por el parásito microscópico Cyclospora cayetanensis.
De acuerdo con los CDC, la mayoría de los contagios ocurre al consumir agua o alimentos contaminados, principalmente frutas y verduras que estuvieron expuestas a residuos fecales durante su producción o manipulación.
A diferencia de otras infecciones gastrointestinales, el contagio directo entre personas es poco común, ya que el parásito necesita permanecer un tiempo fuera del cuerpo humano para completar su proceso de maduración antes de poder infectar a otra persona.
Los síntomas más frecuentes incluyen diarrea intensa, dolor abdominal, náuseas, pérdida del apetito, fatiga y pérdida de peso.