Colapso destruyó sueños de Miguel

Valle de Chalco.- A sus 24 años, Miguel Ángel Vázquez Castellanos soñaba con darle lo mejor a Michel, su pequeña de cuatro años, pero el 3 de mayo el colapso de una trabe de la Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro mutiló sus deseos e ilusiones.

“No me van a regresar a mi hijo con lo que nos den, pero lo que queremos nosotros es que su hija quede resguardada, que no quede desamparada es lo único que pedimos nosotros porque era lo que a él le preocupaba, decía él ‘mi madre y mi hija son lo que más me importan’”, cuenta Isela Castellanos, madre de Miguel Ángel, uno de los 26 fallecidos en la tragedia de la Línea Dorada.

Quienes lo conocieron recuerdan a una persona amable y ocurrente, originario de Chiapas y que pese a su juventud, estaba orgulloso de ser el padre de la pequeña Michel, por quien se desvivía y lo daba todo.

Aunque Miguel Ángel y su pareja se separaron hace un año, la pequeña era muy apegada a su padre y el día de su sepelio creía que él dormía porque estaba muy cansado; sin embargo, con el paso de los días su inexorable ausencia le dio un golpe de realidad a su corta edad.

“Se me parte el corazón de verla, se pone a ver sus videos y se pone a llorar de repente, antenoche no la podíamos controlar, estaba viendo un video donde se abrazaban los muñequitos y se besaban en su cachete y ella empezó a llorar y me dijo ‘abuelita, es que recordé a mi papito’ y no dejaba de llorar, ella es la que me parte el corazón porque era la adoración de mi hijo”, recuerda la señora Isela.

En el patio de la casa —donde fue colocado el ataúd de Miguel Ángel dos días después del desplome en el Metro— sus deudos erigieron un altar con flores, fotos, una imagen de La Morena del Tepeyac y las cenizas.