Xalapa, Ver.- La masacre de 13 personas en el municipio de Minatitlán la noche del viernes, donde un comando irrumpió en una fiesta privada, encendió la molestia ciudadana por la imparable violencia que sufren desde hace más de una década.
El asesinato a sangre fría de siete mujeres, cinco hombres y un bebé de un año generó una gran consternación y desató una guerra en redes sociales entre funcionarios del gabinete del morenista Cuitláhuac García Jiménez y gente allegada al exgobernador Miguel Ángel Yunes, entre ellos el fiscal General del estado, Jorge Winckler Ortiz.
Sobrevivientes del ataque narraron la saña de los sicarios, que obligaron a sobrevivientes a ver cómo masacraban a sus amigos y colocaban sus armas en la cabeza de mujeres.
Y en un municipio tan pequeño, donde las actividades se realizan en torno a la Refinería Lázaro Cárdenas, el dolor y la consternación no paraba, sobre todo porque a quien se le preguntara conocía a alguna de las víctimas del ataque ocurrido la noche del viernes en la palapa El Potro de la colonia Obrero.
“Falleció el hijo del vecino de enfrente de mi suegra, el familiar de la prima de Marcos, la mamá del trabajador de Marcos… todo ocurrió a un lado de la casa de mi ahijada”, contaba una mujer.
“A las viejitas que estábamos bailando nos apuntaron. Sí, mataron a varias viejitas (...) yo lo que hice fue aventarme debajo de la mesa”, contó una mujer a periodistas de la zona.
Festejaban los 52 años de una de sus compañeras, la mayoría ataviadas con vestimentas originarias de Oaxaca cuando un grupo de pistoleros ingresaron a la palapa buscando a una persona.