Crueldades a los animalitos

Cuando empezamos a tener esperanzas, cuando creíamos que el humanismo mexicano, ese trato cálido y empático hacia extranjeros y turistas podía extenderse hacia los animalitos domésticos y a nuestra fauna silvestre, nos damos cuenta que falta mucho todavía. Como decía el gran prócer de la independencia de la India, Mahatma Gandhi: El trato de una sociedad hacia los animales muestra la verdadera cara de esa sociedad. 

¿Cómo hacer felices a los animales? (y a nosotros animales humanos) es fácil y lógico. Alegrías, miedos y otras emociones nos han sido heredadas por antepasados silvestres de los que descendemos todos los animales. El juego es simplemente el ensayo de movimientos y emociones que serán decisivos en un futuro. A los humanos nos divierten los deportes de correr y de precisión en equipo, como en una cacería grupal. En el caso del futbol nos emociona el gol, que simboliza una piedra o lanza impactando en un mamut o bisonte. Y así es para cada especie. 


Los felinos evolucionaron la capacidad de acechar y perseguir, los hace felices jugar a atrapar objetos suaves simulando roedores, y gustan vigilar tranquilos desde un lugar elevado. 

No obstante, a pesar de existir leyes y decretos para la protección animal, federales y estatales, denuncias y reportes muestran que siguen ocurriendo casos que evidencian, impunidad, burocratismo, o corrupción que solapa y encubre crueldad hacia los animales. Es responsabilidad de los ciudadanos vigilar y fiscalizar el cumplimiento de la ley. No se puede esperanzar uno en la buena memoria y voluntad de los políticos.

Incluso en los hogares con mascotas que son parte de la familia suceden actos lamentables por irresponsabilidad o desconocimiento que deberían ser castigados por las autoridades, acorde a la ley. 

Mencionamos algunos casos reportados:

Perritos en las azoteas. Animalitos que pasan todo el día y la noche soportando el sol y la lluvia. Ellos como seres sociales no comprenden tal situación, en una manada de lobos de la cual descienden sus conductas nunca los excluyen de esa manera. Los mamíferos en la naturaleza cavan madrigueras o se refugian bajo los árboles. Pero sus dueños irresponsables, incluso olvidan ponerles agua o alimentarlos por días.

Perritos prisioneros en casa. Descendiente de lobos, están adaptados para recorrer grandes distancias, explorando. En las casas de ciudad muchos no tienen espacio suficiente o rara vez salen. Aun paseando con su correa, deben adaptarse a los jaloneos o al paso cansino de sus dueños. Es revelador verlos corretear libres y felices en lugares alejados, como la Cañada de Lobo arriba de periférico; o en los senderos de las sierras cercanas, como San Miguelito o Sierra de Álvarez. Sin embargo, hay que tenerlos entrenados para responder al llamado y pueden perderse. En lugares como la presa San José, las altas escaleras son un laberinto para ellos, muchos se han caído, tratando de alcanzar a sus dueños.    


Actos de abandono y negligencia deben ser denunciados y castigados para evidenciar y corregir errores de nuestra sociedad que a futuro dañarían a menores u otras personas.  

Existen dueños que tratan a los animalitos como humanos incompletos o defectuosos. Cada especie es un maravilloso producto de la evolución a lo largo de millones de esforzadas generaciones y cada individuo merece respeto. Este trato antinatural puede chocar brutalmente con las emociones y sentimientos naturales de los animales, causándoles traumas o neurosis que tristemente se reflejan en su comportamiento.  

Abuso, gritos y golpes, una baja autoestima descargando frustraciones. De parte de los dueños desencadena violencia familiar, por desgracia esta siempre recae sobre los miembros más vulnerables; mujeres, niños y claro la mascota de la casa. En una sociedad violenta, abusiva aunada a la falta de justicia expedita e impunidad rampante como en nuestra sociedad, es común encontrar individuos prepotentes. Se reportan repetidos casos de abusos y prepotencia de parte del “bully” de la privada o fraccionamiento, que quiere derribar un árbol porque las aves lo incomodan durante la noche o ensucian su coche, único indicador de su estatus deplorable.     

El abuso y crueldad también ocurre contra los árboles y áreas verdes. La destructiva poda exagerada y constante no respeta siquiera la época de anidación de aves, en primavera y verano, violando varios artículos de la Ley de Protección y Conservación de Arboles Urbanos del Edo. de SLP. (Ref. 4 nov. 2025) y el Reglamento de Parques y Jardines Públicos de SLP. (Disponibles en Internet)

Grupos de “jardineros” a sueldo, en camionetas sin logotipo, presionan y convencen a los dueños de casa de podar los árboles de su banqueta. Esta poda es ilegal, además de costosa, pues también hay que disponer de las hojas y ramas, en los tiraderos donde generaran biogas y líquidos lixiviados contaminantes que se infiltran al manto freático. Los árboles son dañados seriamente y muchos mueren y se secan al poco tiempo, convirtiéndose en criaderos de termitas, cucarachas y otros insectos. A los podadores no les importa derribar nidos de aves y matar a los árboles tan necesarios para regular la temperatura, proporcionar sombra y oxígeno. Las autoridades no hacen nada al respecto; pero en los camellones y banquetas quedan como evidencia cientos de tocones secos y suelos compactados que no permiten penetrar el agua de riego o lluvia. La necesidad de un ambiente urbano con más áreas verdes en las ciudades en Europa ha devenido en la iniciativa 3, 30, 300. Es decir, desde cada ventana deben verse mínimo tres árboles. Poseer 30% de cobertura vegetal en cada barrio o colonia; y contar con un parque de más de una hectárea a menos de 300 metros de cada casa. Esto se estableció y se firmó para San Luis en el foro Ciudad-Árbol, llevado a cabo el año pasado. Esperemos se cumpla realmente. Recomiendo el cuento corto de María Luisa Bombal “El árbol”


Jardineros fraudulentos en camionetas sin logotipo podan árboles en ridículas formas cuadradas o esféricas. Destruyen nidos sin ningún reparo; o talan ramas enteras que matan o desestabilizan peligrosamente al árbol