SALAMANCA, Gto.- El llanto consternó en la despedida de seis de las 11 víctimas de la masacre de los campos deportivos de la comunidad Loma de Flores; cientos de personas los despidieron entre oraciones, exigencia de justicia y con la música que disfrutaron en vida, flores y globos.
“¿Por qué mi muchacho?, no le hacía daño a nadie”, expresó inconsolable la madre de “Beto” junto al ataúd con los restos de su hijo, mientras sus compañeros del Conalep soltaban al cielo una decena globos blancos y uno azul en el panteón de San José Temascatío.
“¡Mi muchacho!, ¡mi muchacho!”, sollozaba su padre al momento en que lo sepultaban.
A tres metros de distancia, lloraban alrededor del féretro de “Carmelita”, amiga y vecina de “Beto”, también asesinada por un comando armado al concluir un partido del fútbol.
Luis Alberto N, “Beto”, vivió siempre al lado de sus amigos, y rodeado de ellos se fue, todos menores de 20 años. Este martes, medio centenar de jóvenes lo acompañó al cementerio.
En la capilla de la comunidad de San José de Marañón, unida a Loma de Flores y a San José Temascatío, padres, familiares y amigos ofrecieron una misa conjunta para “Beto” y “Carmelita”. Frente a los féretros color blanco envueltos de flores, globos y sus fotografías, el párroco dio lectura a un mensaje de solidaridad enviado por el obispo de Irapuato, Enrique Díaz Díaz.
“No existen palabras suficientes para aliviar un dolor de esta magnitud. Los saludo con el corazón de pastor, profundamente conmovido y herido por la pérdida tan dolorosa, he estado orando por las familias cuya vida fue arrebatada. Dios conoce sus lágrimas y permanece cercano a los corazones quebrantados”, transmitió el presbítero.