Ciudad de México.- Con aplausos y una porra al término de la homilía dominical, cientos de fieles despidieron al cardenal Norberto Rivera Carrera, quien por 22 años estuvo a la cabeza de la Arquidiócesis de México y que cede el cargo a Carlos Aguiar Retes en una ceremonia que decidió celebrarse en 5 de febrero por ser el día de San Felipe de Jesús, primer santo y mártir mexicano.
Al oficiar la misa como administrador apostólico, Rivera Carrera pidió a los cientos de católicos que se dieron cita en la Catedral Metropolitana, orar por el nuevo gobernador de la arquidiócesis “para que sea guiado por el espíritu en las decisiones que deba tomar”.
El mensaje litúrgico estuvo dedicado a la evangelización; a cómo la comunidad cristiana debe contribuir para “liberar a la sociedad de dolores y quebraderos de cabeza, porque la salvación humana comprende una dimensión corporal y otra espiritual”.
Dijo que la iglesia está llamada a ejercer su labor, “liberando al individuo y a la sociedad de los demonios que la atormentan”.
Resaltó que su ministerio al frente de la arquidiócesis tuvo grandes momentos, como las visitas de los papas Juan Pablo II y Francisco I, la restauración de la Catedral “que antes estaba llena de tubos”; y otros como los encuentros juveniles”.
El canónigo comentó que tampoco faltaron asuntos “difíciles y dolorosos” como los sismos de septiembre pasado. Mencionó los “ataques a su persona, en los que contó con la protección de la virgen”.
Al despedirse, Norberto Rivera agradeció “de corazón” por las muestras de afecto que recibió de las personas que llegaron a la misa dominical.
A nombre del cabildo, sacerdotes, empleados y colaboradores de la Catedral metropolitana, el canónigo Francisco Rene Espinosa, rector del recinto, expresó un agradecimiento a Norberto Rivera, “por sus 22 años de servicio arzobispal al frente de esta iglesia peregrina en México”.
Resaltó que su ministerio al frente de la arquidiócesis tuvo grandes momentos como las visitas de los papas Juan Pablo II y Francisco, la restauración de la catedral “que antes estaba llena de tubos” y otros eventos como los encuentros juveniles”.
El canónigo comentó que tampoco faltaron asuntos “difíciles y dolorosos” como los sismos de septiembre pasado o la epidemia de influenza que hizo que la Ciudad de México permaneciera en estado de alerta sanitaria.