"Es una satisfacción increíble lograr una meta fijada tres décadas antes", dice con una sonrisa que resume una vida marcada por la disciplina, la vocación docente y la perseverancia.
Su camino no fue lineal. Desde joven quiso estudiar en la UNAM, pero su preparatoria cursada en el extranjero no fue validada en México. Esa barrera la llevó a abrirse paso como profesora de francés en un colegio, donde intercambió clases por la oportunidad de cursar el bachillerato.
Años más tarde, ya casada con el académico universitario Carlos del Río Estrada y con cuatro hijos, encontró en el recién creado Sistema de Universidad Abierta la posibilidad de retomar sus estudios. En 1979 ingresó a la licenciatura, combinando la crianza con jornadas nocturnas de estudio.
Aunque al inicio pensó en abandonar por la complejidad del sistema, el apoyo de sus compañeras y su propia determinación la hicieron permanecer. Se tituló con mención honorífica a los 46 años y, poco después, inició una carrera docente de más de cuatro décadas en la FFyL.
Su huella quedó en generaciones de estudiantes que pasaron por sus clases de Comprensión de Lectura en Inglés, así como en el Departamento de Servicio Social e Idiomas del SUAFyL, donde trabajó durante 40 años.
El deseo de seguir creciendo la llevó a cursar una maestría en Letras Inglesas en 1986, etapa en la que fue influenciada por la escritora y académica Luisa Josefina Hernández. Más adelante, tras la muerte de su esposo, encontró en la universidad un espacio de reconstrucción personal y académica, desarrollando su tesis bajo la dirección de Federico Patán.
Ya en una etapa de jubilación, decidió ir por más: ingresó al doctorado en Pedagogía, donde investigó la institucionalización del Departamento de Lenguas de la FFyL. El proceso no estuvo exento de retos —especialmente en el uso de herramientas digitales—, pero el acompañamiento de colegas y amistades fue clave.
El 8 de abril recibió su título rodeada de familiares, amigas y autoridades universitarias, en una ceremonia que celebró no sólo un grado académico, sino una vida dedicada al conocimiento.
Lejos de detenerse, Marta Elena ya tiene un nuevo objetivo: estudiar herbolaria. "Es por gusto, para ver si puedo ayudar a los demás a que no tomen tanta pastilla", afirma.
A sus 89 años, su historia desafía cualquier idea sobre la edad y el aprendizaje: nunca es tarde para empezar, ni para terminar.