EL INSTINTO ANCESTRAL DEL FUTBOL

22 adultos corren sobre un campo de pasto y se disputan una pelota con los pies. Durante 90 minutos; tratan de arrebatársela con ímpetu y vehemencia, la patean, se la pasan uno al otro, hasta que ocasionalmente la pelota entra en una portería. Los once de un equipo y sus espectadores alzan los brazos en señal de triunfo y los espectadores gritan entusiasmados. 

Cuando ocurre un partido considerado importante, millones de personas se emocionan, alteran su vida diaria, se enojan, acongojan, gritan al televisor, discuten y pagan mucho dinero para presenciarlo y a veces son eufóricamente felices por un rato. En este mundo tan pragmático y materialista emocionarse por el resultado de una justa deportiva parecería una contradicción. ¿Cuál es la razón biológica de todo esto?  

Neurológicamente, el futbol ocasiona que en nuestro cerebro se generen neurotransmisores y hormonas que ocasionan emociones intensas para cualquiera que entienda el juego y tome partido. Neurotransmisores como la dopamina, entre las sinapsis de nuestras neuronas, que produce una inmediata sensación de bienestar y felicidad, como cuando uno sacia la sed, toma un helado o come algo que le agrada mucho. Sin embargo, nuestro cerebro de mamífero es complejo, este neurotransmisor de la felicidad, también se relaciona con la predicción de la posibilidad de una recompensa. 

La expectativa, la probabilidad incierta del triunfo o fracaso, los casis, el riesgo sucesivo de fallar crea una tensión que intensifica la emoción final. Un gol en el ultimo minuto que evita la eliminación de nuestro equipo causa una intensa emoción y más placer; por eso el éxito de las apuestas y máquinas tragamonedas. Bien sabemos que la casa siempre gana y quienes nos atrevemos a apostar vamos a perder, pero aún así nos la jugamos, solo por el placer por la incertidumbre y el riesgo. 

A los humanos nos gusta el drama, una goleada de nuestro equipo nos emociona menos, que un solo gol conseguido angustiosamente en el último minuto después de estar perdiendo. La dopamina se segrega más en la incertidumbre donde todo depende del gol, no por lo bien que juega el equipo. A veces choca en el travesaño, o en un poste, nos agarramos la cabeza … una y otra vez, surgen esperanzas, sufrimos, pero nunca dejamos de prestar atención al juego y los observadores por televisión terminamos casi tan agotados como los jugadores.

El biólogo Desmond Morris, autor de “El Mono Desnudo” y el “Zoo Humano”, excelentes libros sobre la naturaleza biológica de nuestras emociones. En su libro “The Soccer Tribe” afirma que la tensión y excitación liberadora de un gol, revive los instintos y emociones de persecución y coordinación que evolucionaron durante millones de años cuando éramos grupos de cazadores de cuyo éxito dependía el alimento de la tribu. 

Nuestro cerebro evoluciono como una maquina se sobrevivencia social; pertenecer a la tribu lo era todo, un individuo solo contra en la naturaleza no tenía ninguna oportunidad de sobrevivir.  


? El instinto de pertenencia a una tribu evoluciono cuando nuestras vidas dependían del éxito de nuestras tribus ancestrales, donde defensa de la misma era cosa de vida o muerte. Todo equipo deportivo simboliza esa tribu.  

Contemplar un gol aun nos impresiona, nos hace felices, igual que ocurría en nuestras tribus primitivas, cuando una piedra o lanza bien arrojada impactaba en un animal el cual sería la presa conseguida. 

En un equipo deportivo reafirmamos la pertenencia a nuestra tribu querida vistiéndonos de los mismos colores, o cantando canciones que la identifican. Un himno nacional, un himno de club en un estadio o un corrido de soldados de la revolución o de personajes del crimen organizado es disfrutado por aquellos que desean la sensación de pertenencia a esas tribus, no por su calidad musical. 

Todos hemos vivido momentos dramáticos en guerras, deportes o aventuras extremas, donde dependíamos de nuestros compañeros para obtener un triunfo. Cuando han sucedido situaciones realmente peligrosas los lazos grupales son inolvidables.


? Un gol emociona porque simboliza el éxito en una cacería, una lanza que impactaba a un bisonte o un mamut. 

Necesitamos pertenecer, colaborar, vivir momentos duros y dramáticos en alguna tribu de amigos, esa es nuestra naturaleza. Recordamos los momentos de nuestra juventud, la verdadera amistad no son memes sentimentales o fotos brindando en una cena. Personalmente vienen a mi memoria profundas emociones al recordar mi grupo de paracaidismo deportivo, donde la aventura, el reto se contrapesaba con el enorme temor a saltar desde miles de metros. Pero se soportaba con el entrenamiento, la disciplina y el apoyo de mis compañeros “cazadores” experimentados. Es necesario reconocer la gran importancia y significado de estos sentimientos ancestrales, apartarlos de los intereses comerciales, políticos patrioteros, ya que son profunda y auténticamente humanos, por lo tanto, deben respetarse.