Ciudad Juárez, Chih.- A un mes de que Estados Unidos cambió las reglas para que migrantes venezolanos pidan asilo en su país, cientos de ellos se mantienen a la orilla de la frontera, en espera de un milagro, mientras las condiciones de vida se tornan cada vez más complicadas.
Gripe, tos, enfermedades estomacales e incluso algunas en la piel son los males que poco a poco comienzan a aquejar a los migrantes venezolanos que viven en un campamento improvisado en Ciudad Juárez, a la orilla del río Bravo.
En recorridos realizados por El Universal, se pudo constatar que los niños y mujeres son los más afectados por el hacinamiento, las malas condiciones de salud y, sobre todo, por las bajas temperaturas que ya se registran en el lugar.
“Tapamos las casas de campaña por fuera con cobijas, pero no es suficiente, hace mucho, mucho frío, y los niños ya traen tos y moquillo. Les damos medicina, pero como seguimos aquí, no se terminan de curar”, dice una migrante.
Hasta el lugar se han llevado brigadas médicas por parte de las autoridades locales para atender a los enfermos, mientras los migrantes juntan el poco dinero que les queda para comprar medicamentos.
La colonia venezolana
La bandera de Venezuela, instalada en la tierra que divide el bordo del río Bravo, entre Ciudad Juárez y El Paso, Texas, se ha convertido en un aviso de que en ese lugar se encuentran más de mil migrantes que están en lucha por cruzar a la Unión Americana.
Unas pequeñas casas de campaña, algunos colchones inflables, cobijas y hasta pedazos de madera se han convertido en su hogar.
Se encuentran instalados frente a las autoridades estadounidenses, justo donde la Patrulla Fronteriza tiene un campamento de operaciones.
Para ellos, esta es una forma de protesta y de hacer presión para que el gobierno estadounidense cambie las disposiciones emitidas el pasado 12 de octubre (el llamado Título 42), que los obliga a hacer un trámite por internet, a llegar a Estados Unidos vía aérea y a tener un “patrocinador” que les pague sus gastos en ese país.
En el lugar hay más de 350 tiendas de campañas y carpas improvisadas instaladas en la parte baja del bordo.
Apoyos para subsistir
La estadía de los venezolanos que viven en este punto ha tocado el corazón de la comunidad juarense, pues a diario llegan camionetas de iglesias, asociaciones y ciudadanos que se unen para llevar apoyos a los migrantes.
Por la mañana, la fila es para recibir el desayuno. En el lugar se instalan camionetas de personas que les regalan tamales, pan, café, leche, fruta y agua.
Al mediodía llegan grupos de iglesias evangélicas y católicas a llevar comida, ropa y más casas de campaña.
Así, los migrantes insisten en que no se moverán del río Bravo hasta que Estados Unidos les permita presentar su solicitud de asilo a los que crucen a pie y sin documentos por la frontera de México.