Cancún, QR.- Luego de estudiar los efectos adversos en la salud de personas que recogen el sargazo en costas de Puerto Morelos, Playa del Carmen y Mahahual, debido a su exposición al sulfuro de hidrógeno (H2S) producido por la descomposición de la macroalga, científicos del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Unidad Puerto Morelos, investigan, ahora, los riesgos para la población local.
Inicialmente el estudio buscaba medir los niveles de concentración de ese gas tóxico y sus impactos en la salud de las y los trabajadores que retiran el sargazo, pero esta vez, el foco está en los efectos para la población que vive cerca de las playas en donde recala y se acumula la macroalga, indicó la Maestra en Ciencias, Rosa Rodríguez.
En entrevista con El Universal, informó que los primeros nueve sensores fijos ya han sido colocados en zonas de playa de Puerto Morelos, principalmente, en casas al pie de la costa para evitar que sean vandalizados.
Explicó que esta fase del proyecto busca determinar cuánto disminuye la concentración del gas conforme aumenta la distancia respecto de la costa y establecer qué niveles de exposición pueden registrarse en los sitios próximos a las acumulaciones de sargazo.
“Aquí tenemos casas de playa a 40 metros y vemos que este año se han incrementado los volúmenes de sargazo; veremos si también las concentraciones del gas”, señaló.
La bióloga detalló que algunos vecinos han solicitado asesoría debido a que refieren malestares; incluso, dice, personas que rentaban propiedades mediante plataformas han dejado de hacerlo por la acumulación y descomposición del sargazo.
En las zonas donde la macroalga permanece acumulada, además, se presentan dificultades para utilizar las playas y acceder al mar.
En este año, cuando los niveles de sargazo han aumentado, trabajadores de bares, tiendas y otro tipo de comercios cercanos a la costa, coincidieron en que el olor fétido del sargazo descompuesto no solo se percibe más, sino que ha aumentado.
La investigadora explicó que el olor puede ser detectado desde concentraciones relativamente bajas, alrededor de 0.7 partes por millón, pero el sistema olfativo se adapta al olor y deja de ser un indicador confiable.
De ahí la importancia de los sensores, pues con ellos, la investigación deberá determinar las condiciones que generan los mayores niveles de exposición y durante cuánto tiempo permanecen.