Feminicidio y luego negligencia

CHILPANCINGO, Gro., febrero 11 (EL UNIVERSAL).- El 19 de octubre de 2020, Ayelin Iczae Gutiérrez Marcelo, de 13 años de edad, fue hallada muerta a 400 metros de su casa. Cinco días atrás fue privada de su libertad, violentada sexualmente, asesinada y mutilada. El horror del crimen no fue suficiente, luego vino la negligencia.

Este jueves a las 11 de la mañana, a un año y cuatro meses del feminicidio de Ayelin, decenas de personas, sobre todo mujeres, se reunieron en el zócalo de Tixtla para colocar una cruz color rosa de unos cuatro metros de alto, para que se convierta en un recordatorio incesante de la brutalidad, pero también de que Ayelin no será olvidada.

La colocación de la cruz fue el colofón tras tres días de búsqueda para encontrar los 89 huesos de Ayelin que personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) olvidó —o no halló— y que nunca notificó a la madre, Flora Marcelo. Durante un año, ella pensó que había sepultado el cuerpo completo de Ayelin.

La tragedia

El 15 de octubre de 2020, a Ayelin y a Flora las separaba un kilómetro de distancia. Flora estaba en su negocio de recolección de botes de plástico sobre la carretera federal Chilapa-Chilpancingo, y Ayelin, en su casa haciendo la tarea, en la colonia La Candelaria. Eran las tres de la tarde, Flora la llamó por teléfono; acordaron verse sobre la carretera federal para ir a comer juntas. La niña tomó un atajo para ir más rápido, pero nunca llegó.

Durante cuatro días, familiares, amigos, vecinos y normalistas de Ayotzinapa, así como peritos y agentes de la fiscalía, recorrieron meticulosamente la barranca y no hallaron nada, hasta que uno de los tíos se adentró apenas unos 400 metros y encontró a Ayelin muerta.

Al año del feminicidio de su hija, Flora recibió el resultado de un informe pericial en el que decía que el cuerpo que fue entregado estaba incompleto. Por ello, después de un año y casi cuatro meses, regresó a Tixtla a buscar la parte de su hija que no le entregaron. "A mí nadie, ninguna autoridad, me notificó que el cuerpo que me entregaron estaba incompleto, yo fui quien lo descubrió en el informe", dice Flora, mientras colocan la cruz rosa en honor a su hija.

En 2020, Flora apenas esperó sepultar a su hija para huir de Tixtla. Era el 22 de octubre. Ahora, está inscrita en el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas de la Secretaría de Gobernación (Segob) por las amenazas que recibió.

Tuvo razones de sobra para huir, desde hace una década Tixtla está habitada por la violencia que, según las autoridades, es generada por organizaciones criminales, Los Rojos y Los Ardillos.

A fin de recuperar completo el cuerpo de su hija, el lunes, martes y miércoles, peritos, policías e integrantes de colectivos de familiares de desaparecidos y feministas buscaron los huesos de la niña en la barranca Chichipico. Hallaron restos, pero están siendo analizados para determinar si corresponden a Ayelin. Flora no sólo exigió la búsqueda, sino que se investigue a todos los que participaron en el levantamiento del cuerpo e investigación. "Hay una queja en la Comisión Estatal de Derechos Humanos por omisión. Si hubieran querido hacer algo, la hubiéramos encontrado con vida", lamenta.

Hasta hallarla completa

A un año, Flora logró que la carpeta de investigación saliera del abandono en el que la dejó el anterior fiscal, Jorge Zuriel de los Santos. Ahora —dice— hay un compromiso de la nueva fiscal, Sandra Luz Valdominos, de acelerar la investigación. Por este caso hay cuatro detenidos; de uno de ellos hallaron muestras de ADN en el lugar donde fue encontrada Ayelin. Todos son acusados de feminicidio, privación de la libertad y violación; sin embargo, dice Flora, el caso va lento porque los detenidos ni siquiera han declarado.