Informar sobre un suicidio implica una responsabilidad especial para los medios de comunicación. Ocultar estos casos no resuelve el problema, pero divulgar detalles innecesarios, imágenes explícitas o titulares sensacionalistas puede causar daños y favorecer conductas imitativas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el riesgo aumenta cuando las publicaciones describen el método utilizado, identifican con precisión el lugar, repiten constantemente el caso o presentan la muerte de manera idealizada.
Esto no significa que informar provoque automáticamente nuevos suicidios. La diferencia está en la forma de hacerlo. Una cobertura centrada en la prevención, las alternativas de atención y las historias de recuperación puede ayudar a personas que atraviesan una crisis.
Los medios deben evitar fotografías explícitas, cartas personales y explicaciones simplistas. Un suicidio no debe atribuirse únicamente a una ruptura sentimental, una deuda o un problema escolar, pues intervienen diversos factores sociales, emocionales, psicológicos y ambientales.
También debe protegerse la privacidad de la persona fallecida y de sus familiares, especialmente cuando se trata de menores de edad. Los titulares deben ser sobrios y evitar expresiones que conviertan el hecho en espectáculo.
Una publicación responsable debe incluir información sobre servicios de atención y recordar que una crisis puede tratarse. El objetivo no es dejar de informar, sino hacerlo sin alimentar el morbo y con elementos que puedan contribuir a la prevención.
En México, quienes necesiten apoyo emocional pueden comunicarse gratuitamente a la Línea de la Vida, 800 911 2000. Ante un riesgo inmediato, se debe llamar al 911 o acudir al servicio de urgencias más cercano.