Los resultados sugieren que la fragmentación del crimen organizado y la competencia entre distintas agrupaciones pueden estar relacionadas con mayores dificultades financieras para las administraciones municipales.
La investigación también distingue entre organizaciones criminales históricas, como los grandes cárteles con presencia nacional durante varios años, y agrupaciones de creación reciente, muchas de ellas surgidas de la fragmentación de estructuras delictivas mayores.
Los efectos negativos sobre las finanzas municipales fueron más consistentes en territorios donde operan organizaciones criminales históricas.
Otro de los hallazgos es que la presencia de organizaciones delictivas está relacionada con cambios en la distribución del presupuesto municipal. La proporción destinada a inversión pública disminuye 1.9 puntos porcentuales, mientras que los servicios generales aumentan su participación 0.8 puntos, las transferencias y subsidios 0.7 puntos y los servicios personales 0.6 puntos.
Sin embargo, los investigadores aclararon que esto no significa necesariamente que los ayuntamientos destinen más dinero a salarios, servicios o subsidios, sino que estos conceptos adquieren mayor peso dentro de presupuestos que registran una contracción.
El análisis también encontró reducciones estimadas de 50.63 pesos por habitante en servicios personales, 40.48 pesos en materiales y suministros, y 32.68 pesos en servicios generales.
A diferencia de lo registrado en el gasto, los investigadores no encontraron evidencia estadísticamente significativa de una disminución general de los ingresos propios de los municipios donde operan organizaciones criminales.
Es decir, la presencia del narcotráfico no necesariamente está relacionada con una menor recaudación de impuestos, derechos u otros ingresos municipales, pero sí con una reducción de los recursos ejercidos y cambios en las prioridades presupuestales.
Incluso, en los municipios donde únicamente operan organizaciones criminales de creación reciente se identificaron mayores ingresos propios, aunque los autores aclararon que esta asociación no demuestra que esos grupos provoquen un incremento de la recaudación.
La investigación también examinó cómo las organizaciones criminales pueden relacionarse con los gobiernos locales e influir en sus decisiones presupuestales, mediante mecanismos que incluyen corrupción, coerción e intervención en contratos públicos.
No obstante, el estudio no acredita que las disminuciones de inversión pública sean producto de órdenes directas de los cárteles, desvíos de recursos o acuerdos ilegales específicos entre autoridades y delincuentes.
Los autores concluyeron que las consecuencias económicas del crimen organizado van más allá de la violencia y las afectaciones a las actividades productivas, pues también están relacionadas con el funcionamiento de los gobiernos municipales y su capacidad para financiar infraestructura y servicios públicos.
La investigación, que abarca 24 años de información financiera y presencia criminal, señala que estos resultados pueden contribuir a explicar las dificultades que enfrentan algunos ayuntamientos para sostener la inversión pública y atender las necesidades de sus comunidades.