JERUSALÉN (EFE).- Israel busca sellar las brechas de su muro de separación con Cisjordania ocupada tras el ataque de hace una semana de un palestino que cruzó a través de un hueco en la barrera. Desde entonces, el Ejército ha aumentado los controles e intenta impedir el paso de trabajadores palestinos irregulares.
"Hemos desplegado más fuerzas" para controlar el área "y tomaremos iniciativas para reparar distintos puntos de la valla", dijo un alto cargo israelí a varios periodistas, entre ellos Efe.
Las tropas desplegadas también se ocupan de "parar a quiénes no tienen permisos para cruzar a Israel", agregó.
Según medios, esto afecta a miles de palestinos sin autorización de empleo que, en gran medida, cruzan a diario, o semanalmente, de Cisjordania a Israel por docenas de brechas existentes en la barrera. Suelen trabajar como mano de obra barata en sectores informales o de la construcción.
Después de que un palestino atravesara la valla la semana pasada y cometiera un tiroteo en la ciudad israelí de Bnei Brak, que dejó cinco muertos, esta polémica barrera que Israel alzó hace dos décadas alegando motivos de seguridad preocupa de nuevo a autoridades, opinión pública y al aparato de defensa del país.
Todo ello se produce en un contexto de tensión en la región, tras tres recientes ataques que se saldaron con 11 muertos en Israel en sólo una semana, una de las cifras más elevadas de los últimos años.
La reparación de las brechas del muro, de las que habría docenas entre sus cientos de kilómetros de largo, "llevará tiempo", costará "mucho dinero" y ya empezó, agregó la misma fuente oficial.
Podría costar dos o tres millones de shéqueles (entre 570.000 y 850.000 euros), precisó la Radio del Ejército.
Durante los últimos años, el cruce de palestinos por brechas de la barrera de separación se había casi normalizado. Muchos empiezan su trayecto de madrugada desde aldeas cisjordanas para ir a trabajar a Israel y cruzan el muro a primera hora. Incluso hay coches que les esperan al otro lado para llevarles a su destino.
A falta de cifras oficiales claras, se estima que decenas de miles de palestinos trabajan de manera irregular en Israel. Se suman a los más de 120.000 empleados legalmente por empresas en territorio israelí o en las colonias judías de Cisjordania.
Hasta hace poco, soldados y fuerzas de seguridad israelíes tendían a hacer la vista gorda cuando estos cruzaban por huecos del muro, aprovechando puntos apartados que podían atravesar sin ser vistos, aunque a veces había redadas y se les impedía el paso.
De acuerdo con analistas, este es un flujo conocido por todos que las autoridades israelíes no querían frenar para evitar erosionar aún más el precario estado de la economía palestina.
En verano de 2020, en plena pandemia, incluso se informó de familias enteras que pasaban el muro para ir al mar en Israel, vestidos de playa y ante la pasiva mirada de los soldados.
Sin embargo, el ataque reciente ha despertado de nuevo los temores de seguridad, y varios sectores, en especial algunas corrientes de extrema derecha israelí, piden acciones de inmediato para sellar el muro e impedir el movimiento clandestino de palestinos.
Uno de ellos es el jefe del Consejo Regional de Samaria, el líder colono Yosi Dagan, que aseguró que denunciará al Ministerio de Defensa si no hay progreso real para cubrir los huecos de la valla.
"Ahora el muro no funciona. Tenemos miles de personas que entran a Israel ilegalmente, incluidos terroristas, mientras mis residentes, igual que los árabes con permiso para trabajar en Israel", deben "esperar en los puestos de control" regulares, declaró Dagan.
Israel comenzó a construir en 2002 la valla de separación ante los atentados suicidas palestinos de la Segunda Intifada (2000-2005). Se construyó como pared de hormigón en zonas urbanas y valla de varios metros de ancho en áreas rurales, para contener la entrada desde Cisjordania.
El muro tiene hoy cientos de kilómetros de largo. Israel lo considera un elemento clave de su seguridad y asegura que su construcción logró reducir drásticamente los ataques palestinos.
Por otro lado, los palestinos lo ven como una medida de apartheid que limita su libertad de movimiento en un territorio ya sometido a ocupación y colonización israelí desde 1967.
La Corte Internacional de Justicia (CIJ), máximo órgano judicial de la ONU, dictaminó en 2004 que el muro era ilegal y contrario al derecho internacional. A su vez, estableció que debía ser destruido y que los palestinos tenían derecho a ser indemnizados por ello.