Vivía en los pantanos de la era paleozoica y ya volaba antes que aparecieran las aves, o los dinosaurios con alas, fue testigo de la evolución de las especies y las grandes catástrofes que casi extinguen la vida de la Tierra. Pero ella sigue hoy agitando sus alas sobre lagos y lagunas; aunque es totalmente inofensiva para los humanos ahí donde la ven de pequeña, es una feroz depredadora de insectos. Mucha gente le debe la salud y hasta la vida, porque se la pasa cazando zancudos y mosquitos trasmisores de malaria, dengue, zika, etc. Es…la libélula. Hay más de 6,500 especies de este orden de insectos llamado Odonata, que habita en todos los continentes, menos en la helada Antártida. La heroica libélula está totalmente diseñada para cazar moscos Con su cuerpo tornasol impulsado por cuatro alas independientes, maniobra veloz en el aire, mejor que un avión de combate, nadie se le escapa, sus seis patas con pelos como dientes están modificadas para formar una canasta que atrapa insectos; no puede caminar bien, pero se posa en las ramitas cerca al agua desde donde revisa todo el cielo con sus enormes ojos, cada uno con 25,000 pequeños lentes individuales, así puede mirar a todas partes a la vez.
? Representación de cómo la libélula caza los zancudos trasmisores de peligrosas enfermedades como la malaria, zika, dengue, etc.
No obstante, existe un cazador de moscos más tenaz aun, que es… la misma ninfa de nuestra libélula, llamada Náyade. De los huevos depositados con todo cuidado en las lagunas por las libélulas, nacen estas ninfas, cuya etapa juvenil se desarrolla bajo el agua. Se entierran en el lodo y comen las larvas de moscos (maromeros), renacuajos o pequeños peces Curiosamente no necesitan salir de su escondite para cazar, más bien proyectan su mandíbula hacia adelante. Esta terrorífica característica del animalito, inspiro la creación del monstruo de la película de terror “Alien, el octavo pasajero”
? Náyade, agresiva ninfa acuática de libélula, proyecta su letal
mandíbula para atrapar su presa.
Existen insectos, como arañas o avispas, que también son cazadoras y controladoras de bichos dañinos. Sin embargo, se prefiere utilizar pesticidas que matan todo. Desgraciadamente los bichos que nos perjudican se reproducen más rápido, y sin el control de sus depredadores insectos, que también eliminamos, terminamos llenos de plagas. Siempre será mejor mantener la ecología saludable para un control natural, pues los pesticidas son tóxicos y pueden causar cáncer.
? En nuestro estado existen muchas lagunas cuya ecología debe ser protegida por la salud y bienestar de los ciudadanos. Muchas veces, con pretextos presupuestales o de jurisdicción, las instituciones evitan su responsabilidad.
La existencia de libélulas en una laguna o presas indica que la ecología aún está funcionando. Son tan útiles y necesarias que debemos exigir a las autoridades responsables de los cuerpos de agua en cada estado, sean CONAGUA o el municipio correspondiente, que protejan y conserven libres de contaminación las lagunas, para que esta especie tan antigua y beneficiosa y tantas otras puedan seguir existiendo.
? Cabeza de libélula mostrando sus enormes ojos compuestos de 25,000 omatidios, con los que observa todo a su alrededor.
En nuestro estado y en el país, tenemos muchas presas y lagunas sin ningún plan de manejo ecológico. La falta de educación biológica y de control por las autoridades, hace que la población vea a la naturaleza como solo una fuente de extracción de animales y plantas, hasta destruirla. Por ejemplo, la abandonada presa de la Cañada del Lobo, al sur de la Ciudad, colecta agua de lluvia de la cuenca de la Sierra de San Miguelito y aun no le llega drenaje de aguas negras. Fácilmente podría ser un Área Protegida, un lugar de esparcimiento para la ciudadanía. Estabilizando sus orillas con vegetación de tulares se daría albergue a cantidad de aves acuáticas. Sin embargo, problemas burocráticos de litigios e irregularidades en sus terrenos, evitan que alguna autoridad se haga responsable del manejo de esa laguna. El agua colectada se tira al drenaje, se pesca con red y se cazan las aves, sin que nadie haga nada.
Es una lástima que la falta de divulgación y cultura biológica haya permitido que nuestros ambientes naturales, patrimonio de los mexicanos, se hayan deteriorado tanto y estén tan abandonados sin que nadie diga nada. Las autoridades responsables y gobiernos callaron, siempre manteniendo un perfil bajo ante los problemas ambientales que surgían. Como con otras dificultades del país, se recurre al silencio, esperando que la ciudadanía no piense o se olvide de tantos ambientes naturales destruidos.
En las ciudades, los parques grandes, por su extensión se convierten en ecosistemas naturales funcionales. Las especies silvestres que se encuentran, permiten a sus visitantes observarlas de cerca y conocerlas con la debida información y protección para su conservación. De este modo, los niños aprenderán a respetar la naturaleza para luego tener consciencia de cómo protegerla de la ineptitud.
Instituciones gubernamentales como PROFEPA, CONAPM; SEMARNAT, con autoridad legal y presupuestos para proteger y conservar nuestro patrimonio natural, deberían efectuar las tan necesarias campañas de divulgación y sensibilización a los ciudadanos sobre su patrimonio ecológico. La urgencia de mantener un ambiente natural sano, debería se promovido por universidades con carreras de biología o agroecología. Académicos e investigadores deben asesorar, diseñar y supervisar proyectos ecológicos de conservación permanente. Tenemos que proteger la ecología de lagunas y presas del nuestro estado, vigilarlas, no dejar que las saqueen pescando con redes, cacen aves o las contaminen impunemente. Eso es función de la PROFEPA y todos debemos vigilar que se cumpla acorde al espíritu de la ley.