La otra cara del 9M: "¿Cuál paro?, hay que chingarle", dice Doña Loretito

Si no trabajo no comen mis hijos, secunda la comerciante de nombre Brenda

Doña Loretito nada sabe del Día Internacional de la Mujer, ni que este lunes la mayoría de las mujeres decidieron dejar de trabajar, para protestar por los feminicidios y la violencia de género.
Ella, como muchas otras del Centro de Acopio en Villa Milpa Alta, salieron a vender sus productos como todos los días, por lo que en este mercado el “9M” simplemente no existe; todo se desarrolla con normalidad.
"¿Cuál paro?, ¿quién lo ordenó? Si dejo de trabajar, pues no como. Así de simple. Hay que chingarle, porque no hay de otra", dijo sin dejar de mover las tijeras para cortar los pollos.
La señora Justina García, propietaria de ese negocio en San Pablo Oztotepec, alcaldía Milpa Alta.
Pero no sólo Doña Justina decidió no "protestar", sino que en este pueblo del sur de la capital la actividad fue normal. Las mujeres no desaparecieron de tortillerías, carnicerías, tiendas de abarrotes, de ropa, comida. Todas ignoraron el "9M".
Incluso, en el transporte público desde temprano llegaron las pasajeras de siempre, con grandes bultos de nopales, elotes y otras verduras, para trasladarse al Centro de la capital.
"¿Qué es eso del Día Internacional de la Mujer? Nadie me dijo que hoy teníamos que quedarnos en casa. Ojalá y esos que llamaron al paro, me mandaran dinero para comer.
"Yo dejo de trabajar y quién me va pagar la renta, la comida y para mandar a mis chamacos a la escuela. Eso es puro cuento", dice molesta Doña Carmen, mientras acomoda los bultos de su mercancía.

En Villa Milpa Alta, el “9M” simplemente no existe / Foto: Tomada de El Universal 

 

"SI NO TRABAJO NO COMEN MIS HIJOS"

Brenda vende fruta y sándwiches en la esquina de Reforma e Insurgentes. Pese al Paro Nacional de Mujeres, convocado por distintos grupos feministas, este día asistió a realizar su trabajo de manera cotidiana, pero hubo una diferencia abismal: vendió la mitad de sus productos.
"Aquí nos damos cuenta de que sí consumen más las mujeres que los hombres, puede ser que ellas sí desayunen, o que los hombres sean más tacaños, pero me voy a casa sin mi día completo", dice un poco triste.
Brenda tiene cuatro hijos, dos varones y dos mujeres. Tres van a la escuela en la tarde y su hijo la acompaña a vender sus desayunos a un puesto pequeño que le dejan poner sobre la banqueta. Hoy regresa a casa con más fruta y jugos que no pudo vender.
"Me levanto a las cuatro de la mañana para poder llegar aquí a las cinco. A veces a las diez ya estoy terminando y hoy me voy con menos. No me molesta que paren, pero si dejo de vender un día, mis hijos no comen, soy madre soltera, imagínate", relata.
Levanta su puesto poco a poco, su hijo le ayuda a guardar los yogures y la fruta. Brenda terminó un día de venta atípico, no llevará a sus hijas a la escuela y se pregunta qué se pondrá a hacer con ellas en la tarde. "Seguramente veremos televisión".