Unos diez minutos antes de que las agujas del reloj marcaran la medianoche, un potente terremoto de magnitud 8,2 brotó del estado de Chiapas y se extendió por las zonas sur y centro del país, dejando un reguero de devastación que arrojó, además de graves daños en viviendas y patrimonio, 98 víctimas mortales.
En Oaxaca y Chiapas, dos de los estados más empobrecidos de nuestro país, los sismos del 7 y el 19 de septiembre dejaron daños en 121.701 viviendas, según cifras oficiales.
Las estructuras de muchas de ellas no estaban preparadas para afrontar el impacto de un fenómeno natural de este calibre, por lo que ahora la reconstrucción pasa necesariamente por un cambio de método.
En la misma calle, el hogar de Macario Ruiz todavía permanece apuntalado con piezas de madera. Emprender la reconstrucción de esta casa, de teja y con un siglo de vida, no fue sencillo.
“Nos llevó tiempo limpiar todo, y hubo un tiempo donde ya no había albañiles, peones, gente para contratar. Por eso nos esperamos un poco”, relata.
En San Mateo del Mar, otro de los municipios del Istmo de Tehuantepec, Laurencio Manteón se apoya en lo que serán los muros de su nuevo hogar. En su antigua casa, construida con palma, “todo cayó”.
San Mateo, ubicado en una franja de tierra que queda entre una laguna interior y el Golfo de Tehuantepec, sufrió aún más adversidades el pasado año.