El pasado miércoles 26 en el programa de la mañanera, se presentó la iniciativa de una nueva Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección Ambiental, a ser enviada al Congreso Mexicano para su aprobación y reemplazar a la ley actual vigente desde 1988. Se considera como responsabilidad histórica de todo gobierno el proporcionar un medio ambiente sano a sus ciudadanos como base para el bienestar y una prosperidad sustentable, en una política ambiental humanista.
En una entrevista, Gustavo Alanís director del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, opino que efectivamente urge actualizar la antigua ley que ha demostrado grandes deficiencias causantes en parte del deterioro ambiental actual y de las graves afectaciones al patrimonio natural de los mexicanos. También opinó que una ley por si sola no es garantía de proteger mejor el medio ambiente ni de reparar el deterioro ecológico, de devolver las tantas poblaciones desaparecidas de animales silvestres o de regenerar la deforestación generalizada en diversas regiones del País. “Debemos evitar que esta ley, como tantas otras se convierta en letra muerta” comenta Alanís. “Es indispensable la participación activa de los ciudadanos, identificar las situaciones locales, lograr consensos, realizar consultas, foros, con un parlamento abierto; además, para que la ley sea eficaz, debe lograrse sincronía con otras leyes como la de aguas, ley forestal, etc.”
Sobre la exposición de motivos de esta nueva ley, pensamos que es incorrecto solo culpar del enorme deterioro ecológico únicamente al calentamiento global u otros fenómenos naturales, o utilizar pretextos absurdos. La situación actual de la ecología en el país es más bien resultado de la tolerancia, de las prácticas pasivas y actitud de indiferencia de las autoridades ante los flagrantes delitos ambientales que se cometen contra la naturaleza, que quedan ocultos e impunes. La naturaleza de cada región, como todo ser viviente, tiene el derecho de subsistir y no se puede proteger o reparar con solo retorica, demagogia, videos documentales o propaganda. Los animales y plantas no tienen voz, no pueden quejarse, solo morir.
Consideramos indispensable se denuncie públicamente y castigue severamente situaciones como el enorme y silencioso tráfico ilegal de especies silvestres (el tercero en flujo de dinero, después de las drogas y armas). No debemos olvidar que en los últimos años han sido asesinados impunemente 199 defensores ambientales, heroicos activistas que denunciaban la destrucción de bosques, la captura y tráfico de especies silvestres, tala ilegal, etc. Para quienes demandamos pronta justicia, no solo carpetas de investigación.
El desconocimiento sobre biología de nuestra sociedad es abismal. Se matan y torturan animales por supersticiones absurdas; como considerar brujas a los útiles búhos o vampiros a los murciélagos insectívoros. En nuestro Estado la divulgación científica sobre conceptos y temas de biología o ecología es casi inexistente; pese a contarse con estas carreras en la UASLP y académicos e investigadores especialistas en el IPICYT, ambas instituciones financiadas por los impuestos de nosotros los ciudadanos, solo tenemos de ellas silencio, no difunden ni divulgan temas y conceptos de biología y menos reportan o denuncian ilícitos relacionados con nuestro patrimonio natural, solo guardan un bajo perfil al no asesorar o fiscalizar las funciones de las instituciones a cargo de la protección de nuestro medio ambiente y ecología.
Hace unos años en el estado de San Luis Potosi era conocida la zona del Huizache, en la carretera a Matehuala, por el comercio de especies silvestres, muchos ejidos se dedicaban a la captura y venta de animales… cachorros de coyotes, venados, búhos, aguilillas, tortugas, etc. al pie de la carretera. Y en macetas de plástico se ofrecían plantas típicas del desierto como Peyote, Bisnagas, Garambullos. “Es para ayudarlos” decían los conductores que se detenían a comprar todo tipo de especies, mientras la policía miraba para otro lado. No hace falta decir que los pobres animalitos silvestres morían al poco tiempo y los cactus se secaban en las casas. El saqueo ecológico del antes desierto viviente, colapso en solo polvo y matorrales de gobernadora cubriendo los campos infértiles.
En plena Ciudad la naturaleza también es atacada; se cazan aves con resorteras que se venden libremente en tianguis y mercados. En los supermercados se venden rifles de aire comprimido que ya han causado serios accidentes sin que nadie diga nada. Los niños intentan patear a las palomas de las plazas, por rumores de ser trasmisoras de falsas enfermedades, inventadas por personas o empresas que cobran por atraparlas y “reubicarlas” (matándolas) Mientras nadie hace nada contra los realmente peligrosos zancudos que contagian el Dengue, Zika, Malaria, etc.
En calles y camellones camionetas sin logotipo, se hacen pasar por ser del municipio y cobran caro engañando a las amas de casa para podar salvajemente los árboles de su banqueta de donde caen nidos y polluelos de las aves urbanas. Descubrimos que esa madera luego la venden como leña y combustible para pollerías y ladrilleras. La mayoría de los árboles podados así mueren dejando un tronco seco mutilado como triste evidencia.