Ciudad de México.- Cielo gris sobre el corazón del país, ropas mojadas, sombrillas, capas de plástico. Son los minutos previos a que el presidente Andrés Manuel López Obrador salga a la plancha del Zócalo.
Afuera sus fieles seguidores comienzan a llenar a cuentagotas el corazón político del país, esa centenaria arena donde López Obrador es el amo, pues como opositor es quizá el político que más veces lo ha llenado.
Pero ahora ya como gobierno sufre del desgaste natural de todo mandatario y se ven algunos espacios vacíos que se asoman a un costado de Palacio Nacional, la nueva oficina del presidente de México.
En punto de las 16:55 horas las hojas de madera de la Puerta Mariana se abren y salen el Presidente, acompañado de su esposa, Beatriz Gutiérrez, saludando a decenas de ciudadanos que se desgañitaban al verlos.
Por las calles de Madero y 5 de Mayo llegaron los “invitados especiales”, como los empresarios Miguel Rincón, compadre del titular del Ejecutivo; luego el magnate Carlos Slim, quien aprovecha la experiencia en mítines del subsecretario de Gobernación Alejandro Encinas para moverse entre la gente.
Quien no tuvo la misma suerte, fue el dueño de Televisa, Emilio Azcárraga, quien entre empujones de la gente se abrió paso, pero al reconocerlo algunos ciudadanos se lanzaron con “¡Fuera Televisa!”.
Tras un bailongo a ritmo de Margarita, “La Diosa de la Cumbia”, el primer presidente de izquierda rinde un informe de las actividades que ha realizado.
Ruidosos, festivos, decenas y decenas se arremolinan en las vallas metálicas que son el camino del escenario principal a Palacio Nacional para ver el retorno de López Obrador, quien alza los brazos al cielo y después los baja cruzándolos sobre su pecho, en un abrazo para sus seguidores.