Edwin, Mauri, Ángel y Kevin se molestan entre ellos, nadie llora, ni se queja, "aguantan vara", como dicen, entre ellos el bullying no va, son niños bravos del Barrio de Los Pescadores de Juchitán, damnificados del terremoto del 7 de septiembre que sin buscarlo fueron organizados por un grupo de artistas para formar el colectivo Binni Birí (Gente Hormiga) y ayudar a otros afectados más desprotegidos que ellos.
El grupo lo conforman alrededor de 15 niños, pero el número varía, dependiendo de las ocupaciones y los mandados que sus madres los pongan a realizar durante el día, pero casi siempre se presentan al centro de operación del grupo: la casa de la poeta Natalia Toledo, ubicada en el mismo barrio. El colectivo también lo integran al menos ocho adultos, entre ellos los poetas Natalia Toledo, Mardonio Carballo y el artista plástico Demián Flores.
Un día, recuerda Natalia, de esos agitados, a su casa llegó una redila de despensas y víveres que un grupo de artista recolectaron en la Ciudad de México para los damnificados de Juchitán, mientras batallaban en bajar cinco toneladas de productos, un grupo de niños comenzaron, primero, a observarlos curiosos, después a ayudar a bajar los apoyos; a los adultos les pareció curioso el entusiasmo.
Al siguiente día, muy temprano, esos mismos niños y otros más estaban en la casa de Natalia para continuar con el trabajo de empaquetar las despensas y repartirlas, eran pequeñas hormigas enfilados ayudando. En esos días también se sumaron jóvenes entusiastas como Sotera, Chayane, Alan, Rocío y Roberta.
Natalia, Mardonio y Demián los vieron todos los días ayudando desde las primeras horas del día pasando de mano en mano los víveres; si uno tiraba un producto, el otro lo recogía y lo pasaba a otro, así hasta vaciar los camiones, la forma de trabajar en equipo se asemejaba a la de las hormigas, por eso decidieron nombrarlos Binni Birí-Gente Hormiga.
Durante los primeros dos meses después de la tragedia, los niños ayudaron a bajar, empacar y distribuir más de 50 toneladas de víveres que la sociedad civil envió a Juchitán a través de los artistas, a cambio, los artistas les proporcionaron por las noches, después de repartir las despensas, cine de arte, teatro, música y talleres artísticos gratis.
"Todo surgió de forma espontánea". "Todo surgió de manera espontánea, no lo planeamos, claro que el trabajo más rudo lo realizamos los adultos, pero ellos, los niños, también bajaban los apoyos de los camiones, armaban las despensas y nos acompañaban a repartirlas entre los vecinos del barrio, fue impresionante cómo mostraron solidaridad, más que los adultos.
"Aun cuando eran también damnificados, muchos de ellos perdieron sus casas, se unieron a nosotros a ayudar a otros, igual de afectados que ellos. Estos niños son el mejor rostro que nos mostró la tragedia", explica la Premio Nacional de Literatura Indígena.
Durante los talleres y las actividades artísticas en las que participaron, los niños mostraron gran sensibilidad al arte y creatividad, pero al ser inquietos y con mucha iniciativa plantearon a los adultos o coordinadores del colectivo que ahora serán ellos los que lleven a cabo los talleres de los oficios que han aprendido de sus padres. "Son niños muy creativos e inquietos, ellos alegan que se cansaron de recibir talleres, ahora ellos quieren dar los talleres a otros niños. Uno de ellos sabe elaborar cohetes y quiere enseñar, otro más sabe hacer la bebida sagrada Bupu [espuma] porque en su casa su mamá lo elabora y aprendió y así. A pesar de que la ayuda y entrega de despensas ya terminó, ellos siguen reuniéndose en mi casa recibiendo talleres y socializando", señala.
Para el Día de Reyes, estos niños de la Séptima Sección, como hormigas saldrán a las calles y visitarán a los niños damnificados del barrio y entregarán bolsitas de regalos que contienen libros, cuadernos para colorear, pintura, materiales para fomentar la lectura y la escritura.