Tlalnepantla, Méx.- Con la mirada fija en el punto donde estaba su hogar, que ahora está bajo rocas, Jorge Armando Mendoza López ya pasó tres días con la esperanza de volver a ver a su esposa Paola y a sus dos pequeños hijos Jorge Dilan y Mayrin.
Este 13 de septiembre, Jorge cumplió 24 años de edad, pero no hubo celebraciones, “me siento fatal, devastado. Lo único que quiero es que me los entreguen, a mi esposa y a mis dos hijos, ya es lo único que pido, no más”, afirmó con tristeza.
“Ya llevamos aquí desde el viernes 10 de septiembre, hoy ya son tres días y no se sabe nada, aunque sé que sólo queda esperar y tener paciencia”, lamentó.
Él y su madre han permanecido en las inmediaciones de la zona donde se desgajó un talud de rocas y cientos de rescatistas aún buscan a su familia.
Aunque los estándares internacionales marcan 72 horas para encontrar a una persona con vida, en el Chiquihuite las labores de búsqueda no se suspenderán y van a continuar mientras la estabilidad y seguridad de la zona lo permitan, pues falta por localizar a la familia que estaría atrapada bajo las rocas que dejó el derrumbe, afirmó Samuel Gutiérrez Macías, coordinador general de Protección Civil del Estado de México.
En la llamada “zona cero”, donde rocas de más de 200 toneladas cayeron sobre unas cuatro viviendas, y donde estaría atrapada Paola, de 22 años, y sus dos hijos Jorge Dilan, de cinco, y Mayrin, de tres, “vamos a continuar trabajando en la búsqueda”, con el ingreso por goteo de rescatistas de la Marina, Ejército, Guardia Nacional y Protección Civil, quienes ingresan cada hora y media, en pequeñas células.
Justo bajo las enormes rocas que se desgajaron de un talud del cerro del Chiquihuite, rescatistas han colocado 60 toneladas de material para estabilizar la ladera y así continuar con la búsqueda de personas en este punto de la colonia Lázaro Cárdenas Segunda Sección en la zona oriente de Tlalnepantla.
Hasta este lunes, habitantes de 136 casas fueron notificados que viven en zona de alto riesgo, la cual se extiende en un radio de 200 metros, donde 40% de las familias temen dejar sus hogares por temor a la rapiña.
Por ello, el presidente municipal Raciel Pérez Cruz informó que «se han reforzado los filtros de acceso a la zona y se mantiene vigilancia con elementos de la Guardia Nacional, policía estatal y de la Comisaría General de Seguridad Pública”.
La mayoría de la gente que ha salido de sus casas se ha ido a refugiar con familiares, o como Abigail, hicieron maletas para irse a otras de sus propiedades, mientras que cerca de 80 se instaló en albergues habilitados en templos, escuelas e incluso salones de fiestas.
Stephany, de 25 años años de edad , recibe en el salón Kamakiri a familias desplazadas por el derrumbe “porque es mi gente, es mi barrio quienes hoy necesitan de nosotros, por eso soy voluntaria”, dice.