Para John Ackerman, académico e investigador de la UNAM, los medios de comunicación son poderosos a un nivel similar al del Presidente de la República, "algunos medios podrían incluso tener más poder que el gobierno si están vinculados con grandes redes o consorcios privados nacionales e internacionales", dice.
En entrevista con EL UNIVERSAL asegura que no hay censura en el gobierno de la 4T y que, más allá de eso, son los medios los que intentan censurar al Mandatario federal cuando le piden que pare las descalificaciones.
Considera que no debe haber límites a la libertad de expresión, pero tampoco mentiras por parte de los medios de comunicación. Afirma que el Presidente tiene un diálogo horizontal con la prensa en las conferencias mañaneras, "que no les gusten a algunos los adjetivos que use, también tienen su derecho", advierte.
Señala que se equivocan los intelectuales que piden al Presidente detener las descalificaciones y dice que en lugar de apostarle a la violencia y censurar al Mandatario, se pongan a trabajar.
¿En qué condiciones se encuentra la libertad de expresión en este momento?
— Tenemos una plenitud de libertad de expresión. Se acabó la vieja práctica de las llamadas constantes desde la Presidencia de la República chantajeando, amenazando, regañando a los dueños y directores de los principales medios de comunicación nacionales.
Antes se usaban las concesiones y el papel para presionar y determinar la línea editorial en la mayoría de los medios. Se permitía cierto nivel de cuestionamiento, pero siempre el Presidente estaba protegido. Ahora se ha volteado totalmente.
Nunca habíamos tenido tanta libertad para criticar, descalificar, e incluso inventar noticias falsas sin ninguna acción de censura, manipulación ni presión desde Palacio Nacional. La otra cara es lo que sufren los periodistas fuera de la capital, sigue habiendo una violencia brutal en su contra. El país sigue siendo violento y esto afecta el ejercicio libre del periodismo.
¿Cómo experimentó usted la censura?
— Después de las elecciones de 2012 perdí un espacio como comentarista semanal en MVS Radio. La empresa me pidió bajarle a los comentarios críticos de lo que yo consideraba en ese momento el fraude electoral y la compra de la elección. Intentaron darme un descansito pagado pero rechacé esa invitación al silencio y renuncié.
Gané la enemistad de Eduardo Sánchez y desde ese momento y todo el sexenio anterior fui vetado en los medios. No sólo perdí mi colaboración semanal sino entrevistas para radio, televisión y periódicos. Hasta la fecha, algunas empresas mantienen el veto. La censura no sólo se ejerce del gobierno sino de muchos sitios de poder.
Si le hablaran de Televisa o Tele Fórmula, ¿ participaría?
— Yo creo que no, a estas alturas de la historia no aceptaría. Tengo afortunadamente algunos espacios, hemos logrado romper esa censura después de 10 años fuera de las pantallas televisivas de este país. Fui expulsado de Proceso de un jalón, cuando habíamos ofrecido colaborar de manera gratuita. Antes era el gobierno el que censuraba, ahora son los poderes fácticos.
Los entrevistados por EL UNIVERSAL señalan que una de las funciones del periodismo es criticar y cuestionar al poder, ¿coincide?
— Estoy de acuerdo y hay muchos poderes. El poder del Presidente no es el más grande o fuerte. Los mercados financieros internacionales, los oligarcas y los dueños de los medios tienen poder y hay que criticarlos también. Eso es esencial en una democracia libre, una prensa libre. Yo me la paso criticando a esos poderes fácticos privados y por eso no les caigo bien.
¿Hay excesos de la prensa en sus críticas al Presidente?
— No, lo que hay son mentiras, yo he sido víctima de mentiras, el Presidente, funcionarios y políticos de la Cuarta Transformación también. No son excesos porque no hay ni debe de haber límites a la libertad de expresión, pero eso no quita el hecho de que no se pueden decir mentiras. Eso existe y se debe llamar por su nombre.
Mencionaba que se acabó la práctica de regañar a los dueños de los medios.
— Regaños personalizados a los dueños, eso es algo totalmente distinto a lo que podría ser un diálogo público sobre el contenido de los reportajes. Es muy importante distinguir entre la presión desde el poder hacia los dueños, los directores, en lo oscurito diciéndoles lo que deben o no publicar con base a amenazas y chantajes financieros, incluso legales. Lo otro es un diálogo abierto, público, con respecto al contenido de los reportajes.
¿Llamar a los periodistas y periódicos adversarios, fifís, pasquines, usted considera que eso es un diálogo?
— Sí, por supuesto, la mañanera es un diálogo.
Me refiero a cuando el Presidente de la República menciona que son fifís, adversarios, pasquines inmundos, ¿se puede dialogar así?
— Por supuesto.
¿Cómo?
— Es una relación horizontal que establece el Presidente con los medios, es un diálogo circular. Él emite sus opiniones y los periódicos y los medios también. Esa no es una relación de poder. No es el Presidente chantajeando, controlando el contenido de los medios de comunicación a partir del dinero y el uso de su poder.
Que no les gusten a algunos los adjetivos que use, también tienen su derecho, pero eso no cambia la relación horizontal del Presidente con los medios.
¿Tan poderoso un medio como un Presidente para tener un diálogo horizontal?
— Sí, los medios son muy poderosos, por eso es una democracia este país, porque los medios ocupan un poder increíble y cada vez más. Hoy, en este mundo tan comunicado, quien es dueño de un medio de comunicación ostenta un enorme poder. Yo diría que sí, por supuesto, al nivel del Presidente de la República.
Algunos medios podrían incluso tener más poder que el gobierno si están vinculados con grandes redes o consorcios privados nacionales e internacionales.
Todo depende de cómo medimos y vemos el poder. Las opiniones que expresa López Obrador son en uso de su derecho a la libertad de expresión y quienes quieren callar al Presidente, determinar cuáles adjetivos puede o no puede usar, esos son los que lo quieren censurar a él.
¿Qué opina del desplegado en el que 650 intelectuales piden al Presidente "esto tiene que parar" y que se detengan estas expresiones en contra de la prensa?
— Están muy equivocados. Mencióneme un sólo incidente, casos muy concretos, en que el Presidente de la República o el gobierno federal haya censurado a algún periodista en este gobierno. No existe, no hay un sólo caso. Que se haya reducido el financiamiento público para los anuncios no es censura.
Sé que duele, no es lo que quisieran algunos que quieren más dinero, pero eso no es censura. Los cambios que han ocurrido en medios de comunicación no son porque el Presidente los haya ordenado. El Mandatario tiene derecho a la libertad de expresión y a defenderse frente a calumnias y mentiras. Ni modo que se quede ahí callado nada más.
El gran problema es que los medios están concentrados en pocas manos, pocos dueños. Si tuviéramos una verdadera pluralidad mediática, quizás no sería tan necesario que el Jefe del Ejecutivo estuviera respondiendo, porque dentro de los mismos periodistas habría más discusión y debate, pero ahorita está cargado para un lado y eso es claro.
La sanción a la revista Nexos, así como la petición de no establecer con ella contratos de publicidad se ha considerado un ataque a la libertad de expresión y un acto de censura, ¿ qué opina?
— Es una mentira. Las empresas, todas, tienen la responsabilidad de cumplir con la ley. El hecho de que en el pasado, por ser amigos del Presidente les exculpaban de todas sus irregularidades no quiere decir que tengan derecho toda la vida, sino que hay un gobierno que hace valer la ley. No es censura sino todo lo contrario, es la aplicación del Estado de derecho.
Se acabaron los privilegios y la sanción a Nexos es el caso más claro. Lo que ellos llaman censura no lo es, es pérdida de privilegios porque ellos antes podían negociar la ley y ahora no. Se aplica la ley a secas.
Los señores son los más claros defensores del libre mercado, entonces, ¿por qué necesitan del financiamiento público para seguir existiendo? Es una cosa muy bizarra. Nadie se está metiendo en su línea editorial, nadie les está pidiendo que cambien absolutamente nada, sólo que cumplan con la ley.
¿Hay una lucha de ideologías que genera un choque entre los llamados intelectuales orgánicos y el Presidente de la República?
— Hay un grupo de personas que están muy enojadas y están buscando atacar con todo al Presidente. ¿Martín Moreno se atreve a decir que no hay libertad de expresión cuando llama a quemar vivos a militantes de izquierda y no le pasa nada? Si este fuera un sistema represor y controlador, el señor estaría en la cárcel, pero no. Que se exprese, que la gente misma se dé cuenta y sienta la sanción pública, pero el gobierno no interviene.
¿Dónde estuvieron los intelectuales adversarios y opositores en esta condena? ¿Krauze, Castañeda, Denisse Dresser y Carlos Loret se metieron a sancionar a Martín Moreno? ¿Sigue de colaborador? ¿Sigue escribiendo en los periódicos?
Pues sí, ahí está, hay libertad de expresión del gobierno y una permisividad absoluta, una complicidad silenciosa con ese mensaje de parte de esos intelectuales opositores. Es muy triste. El problema no es con el gobierno sino con los actores privados que le apuestan a la violencia, a la censura, quieren callar al Presidente.
No saben lo que es estar fuera del cobijo del gobierno y están desesperados. Deberían abrazar la oportunidad de estar en el libre mercado que tanto adoran y trabajar y generar obras en lugar de estar nada más con los ataques.