COATZACOALCOS, Ver.- Con sus hijos enfermos, cansadas, pies con llagas, deshidratados, con hambre y sin dinero, mujeres y hombres migrantes llegan a esta ciudad tras caminar más de 500 de kilómetros desde Frontera Corozal, evadiendo los controles migratorios que les permita llegar a Estados Unidos con la esperanza de solicitar refugio.
Durante un recorrido de seis días desde Frontera Corozal, se constató la entrada de decenas de migrantes a territorio nacional a bordo de lanchas que navegan en el río Usumacinta, que divide a México con Guatemala.
Llegan familias con menores de edad, hombres jóvenes y adultos, aprovechando la falta de vigilancia del Instituto Nacional de Migración (INM) y la Guardia Nacional, por ser territorio del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
El crimen organizado, que se ha apoderado de estas rutas sin vigilancia, traslada a grupos de personas sin papeles provenientes de Honduras, Guatemala y El Salvador. Desde ahí viajan escondidos en vehículos hasta Palenque, Chiapas; deben pagar mil 200 pesos por persona.
Los migrantes que no tienen dinero caminan 164 kilómetros a través de la selva Lacandona.
El albergue Casa del Caminante en Palenque, brinda hospedaje.