Lo peor que pudo ocurrirles a los árboles y áreas verdes de nuestra Ciudad fue la aparición de las desmalezadoras y motosierras, que en un par de minutos podían talar ramas y árboles enteros. Esto aunado a un inadecuado diseño del paisaje y negligente jardinería, han ocasionado el terrible deterioro del arbolado y áreas verdes de nuestra creciente ciudad.
Desde muchas décadas atrás, la sociedad mexicana se mediatizaba con la televisión, cuyos anuncios la hacían consumista y buscadora de glamour. En las grandes ciudades se iniciaba una acelerada urbanización, sin planificación ni políticas de conservación ecológica; plantas y animales se consideraron secundarios ante el promisorio “desarrollo” de la industria y tecnología. Las universidades con carreras afines e instituciones encargadas de nuestro patrimonio ecológico nunca informaron, ni realizaron divulgación científica sobre la riqueza ecológica del país; más bien prefirieron mantener un perfil bajo, burocrático.
La idea de bienestar se pensó como status y confort, avenidas y banquetas anchas, cemento, arquitectura modernista y elegantes centros comerciales. Glamour e imagen era lo importante; la naturaleza paso a segundo término. En los medios nacionales, no se producían documentales o programas educativos sobre la flora o fauna local. Sin conceptos básicos de biología o ecología, terminamos confundiendo hojas con basura, aves con enfermedades, tuzas y tlacuaches con ratas gigantes. Las áreas verdes debían estar podadas al ras con sus árboles cortados en formas geométricas, en armonía… con la arquitectura moderna.
? El lagartito cornudo, tlacuaches, ardillas y tuzas casi han desaparecido de SLP, acusados de ser plagas. Buscando vender sus servicios, los jardineros culpan a los animales de todo, al fin que no pueden defenderse.
? La exagerada poda del pasto con desmalezadoras y personal inconsciente sin capacitación alguna ha desnudado la tierra vegetal. Los suelos de camellones y parques se han compactado; la poca agua de riego no penetra.
Podar los estorbosos árboles con motosierras resultaba rápido y fácil; se cortaban las ramas hasta dejar casi solo el tronco. Lógicamente, muchos árboles morían por esto, pero los jardineros deseosos de hacer mucho con poco esfuerzo, argumentaban que esos árboles ya estaban enfermos o viejos, la sociedad sin interés ni cultura biológica, poco podía replicar. Hoy en día, troncos secos y tocones son mudos testigos de estas brutales podas en avenidas y banquetas.
? Pese a la Ley de Bienestar Animal, en las podas caen muchos nidos con polluelos, que a nadie parecen importarles, sólo a los niños que lo presencian.
Tan destructiva tala era fácil y permitida, una queja de que soltaba hojas, producía pájaros cochinos, ocultaba anuncios, tapaba ventanas o estorbaba la vista de un edificio… y se talaba de inmediato el tronco centenario. Así ocurrió en la Plaza Fundadores, cuando dos grandes ficus o laureles de la india, fueron impunemente talados para despejar la vista del edificio J. Caldera y ocupar el suelo para el estacionamiento. Junto con los árboles y ramas siempre caen nidos, los polluelos pian sobre la banqueta y sus padres revolotean sin poder hacer nada.
En estos meses de primavera las podas son terriblemente destructivas; al cortar la parte superior, el follaje se desparrama a los lados, estorbando o haciendo sombra a otras plantas. Brotes o ramas mal cortados, buscando antojadizas formas cuadradas, esféricas a cuan más ridículas, afectaran la copa para siempre; resulta triste contemplar un árbol deformado, destrozado por una poda ignorante. Se debe pensar antes el tipo, forma y cobertura natural del árbol a plantar. Recomiendo el maravilloso cuento de María Luisa Bombal: “El Árbol”.
? ¿Con qué criterio se mutila de esta manera al maguey de una banqueta?
En el campo también ocurría devastación, inadecuadas políticas agrarias y la cultura de la extracción desmedida, afectó no solo a la agricultura. De las áreas silvestres, se extraían cactáceas de todo tipo para su venta en viveros en la ciudad. Se capturaban diversas especies de animales silvestres para venderse al pie de la carretera. Recordemos el conocido e impune tráfico de animales que ocurría cerca del Huizache camino a Matehuala.
? En los camellones y banquetas de la Ciudad quedan los tocones de árboles y suelos compactados. La remediación de la tierra es muy costosa, pero la absorberemos los contribuyentes.
Mientras en países desarrollados se captan videos de hogares que son visitados por venados, mapaches, cuervos, zorros, etc. provenientes áreas silvestres cercanas verdaderamente protegidas; aquí asociamos a los animales silvestres con la rabia, suciedad y enfermedades. Al entrar alguno en una casa, inmediatamente se llama los bomberos para que capturen al animalito que muchas veces resulta una pobre cría o polluelo extraviado. Existen empresas que se anuncian para fumigar o controlar “plagas” y difunden falsas creencias acusando a los animales de todo lo imaginable, para ofrecer sus servicios. Ya desaparecimos varias especies sin que las autoridades opinen ni hagan nada.
Para el pasto y demás hierbas se empezaron a utilizar las ruidosas desmalezadoras, que cortan un jardín en pocos minutos, un camellón en una jornada. Tal eficiencia elimina también las hierbas cuyas flores son alimento para polinizadores. En muchos camellones, se podaba todo hasta levantar polvo, secando y desnudando el suelo. El cual se compacto hasta no dejar filtrar el riego a las raíces de los árboles que morían de sed o se debilitaban contra enfermedades que penetraban por las heridas de sus ramas cortadas. Un círculo vicioso debido a la poda ignorante, sutil ecocidio a nuestra deteriorada ecología.
Investigamos sobre tan destructiva jardinería urbana en el municipio, nos comentaron que algunos jardineros ofrecen sus servicios en casas particulares haciéndose pasar por empleados de gobierno, pero que sus camionetas no llevan logotipo municipal.
Existe un oculto pero lucrativo mercado de venta de leña de troncos y ramas provenientes de estas podas, a pollerías y ladrilleras.
Ciertamente enterrar los restos de la poda: pasto, ramas y hojas, resulta también perjudicial, pues entran en descomposición anaeróbica, produciendo, como toda materia orgánica en putrefacción: biogás, gases de efecto invernadero y lixiviado, un líquido color guinda o morado altamente contaminante para el agua subterránea.