La historia de los mamíferos, es un viaje de resiliencia, increíbles adaptaciones e intensas emociones que evolucionaron poco a poco durante millones de generaciones de antepasados, resultando en lo que somos actualmente.
Hace 325 millones de años en el periodo carbonífero, los primeros reptiles se dividieron en diápsidos y sinápsidos. Nosotros y todos los mamíferos venimos de los sinápsidos, con diferentes dientes especializados en atrapar, cortar y moler. Los dientes de reptiles, aunque grandes y amenazadores, no podían masticar bien ni procesar la comida tan bien como los nuestros. Otros rasgos como el número de aberturas en el cráneo de los fósiles, permanecen hasta el día de hoy identificando el grupo al cual pertenecemos.
Desde su limitada vida primitiva en las peligrosas noches durante la era de los dinosaurios, nuestros pequeños antepasados de pelo hirsuto, que eran del tamaño de un ratón, escapaban de los reptiles depredadores en el día y solo salían a cazar insectos durante la noche guiándose por su poderoso olfato. Así, escondidos en sus intrincadas madrigueras bajo tierra, apenas sobrevivieron al impacto del asteroide de Chicxulub en Yucatán hace 66 millones de años, que extinguió a los grandes reptiles.
? Los cráneos de los ancestros de dinosaurios, reptiles y aves, a la izquierda, se reconocen por tener dos ventanas detrás de la órbita ocular. Los mamíferos tenemos solo una, justo detrás de los ojos.
Libres de depredadores los mamíferos se dispersaron por los continentes adaptándose a nuevos ambientes. Su capa de pelo los disimulaba camuflándolos y les ayudaba a mantener su temperatura corporal, sus dientes especializados les permitían mejor masticación de su alimento. En sus cerebros aparecían complejas y profundas emociones y sentimientos que heredamos y aún los percibimos dentro de nosotros. Generaciones y generaciones de valientes madres protegían heroicamente a sus hijos con intenso amor, alimentándolos con su leche. Fue esa mágica característica lo que dio nombre al grupo… mamíferos.
Actualmente esta clase comprende más de 6,000 especies; y los humanos somos una de ellas. Indudablemente el mencionado amor maternal y el filial, facilitaron la formación de familias en los animalitos; así como el instinto social de conformar grupos, donde todos vigilaban y se protegían. Dentro de estos aparecieron las jerarquías y liderazgos, lideres de manadas por edad, o méritos observados. Los jefes de manadas se reconocían por el valor, iniciativa y toma de decisiones basadas en experiencia. La mayoría de esas emociones del pasado han permanecido en nuestros genes y las sentimos hoy en día.
? Nuestros heroicos antepasados mamíferos, apenas del tamaño de ratones, se escondían de los dinosaurios en sus madrigueras en el día y salían a cazar insectos en la noche.
? Debemos conocer y valorar las poblaciones de especies del Estado, vigilar y auditar las áreas naturales protegidas y las instituciones responsables. La fauna silvestre es un valioso patrimonio de todos los mexicanos.
No obstante, los lideres humanos actuales se han especializado en aparentar poder con imagen y palabras, nunca se ganaron la confianza por sus hechos, ni mostrando valor, experiencia, decisión o ingenio real, como los lideres en las manadas de lobos, orcas, elefantes, etc.
Los mamíferos actuales hemos heredado esas maravillosas características físicas evolucionadas a lo largo de millones de generaciones, así como inteligencia, profundas emociones y sentimientos que debemos respetar.
Compartimos tanto con las especies actuales, no solo hormonas y fisiología, también una visión del mundo natural y sentimientos similares. Una intuición, “El llamado de la selva” como explica Jack London. Científicamente ya quedo atrás la absurda falacia que los animales no sienten y no tienen alma, que solo son máquinas y actúan por “instinto”. Si ellos no poseen alma, o algo parecido, no hay razón para que nosotros si la tengamos, solo por un decreto religioso occidental.
Las instituciones encargadas de proteger la fauna y ecología en nuestro país tienen que hacer su trabajo y no pasar desapercibidas. Deben rendir cuentas por la ley de transparencia. Igualmente, alumnos, docentes e investigadores de carreras como biología, agroecología, medio ambiente deben opinar y fiscalizar el estado actual de nuestra vida silvestre. Tenemos que evitar la caza y la crueldad animal, a la sociedad mexicana ya le han hecho mucho daño las armas de fuego y la prepotencia impune.
El concepto de “especies en peligro de extinción” ha sido perjudicial para la conservación. Sucede que mientras existan suficientes individuos de la especie, no se le protege adecuadamente. Poblaciones enteras en extensas regiones por todo el país han desaparecido, ya no se les ve. Es fundamental que no se hable únicamente de la especie, como teorizan demagógicamente quienes deberían protegerla, utilizan un lenguaje oficialista e impersonal; no obstante, cada individuo cuenta, cada animalito importa en su lucha por la vida y no debe sufrir o morir innecesariamente.
Debemos exigir más información y divulgación sobre nuestras especies animales, difundiendo trípticos o anuncios sobre la situación y numero de las poblaciones de animalitos silvestres en nuestro Estado. Urge tener datos oficiales y metas para dar seguimiento efectivo. Recordemos que la fauna de México, es patrimonio de los mexicanos, no le pertenece a ninguna institución gubernamental, debemos vigilar su bienestar, la Ley de Transparencia lo faculta.
Para observar escenas de la historia de nuestra tan interesante clase de animales, recomiendo el libro “Auge y reinado de los mamíferos”; de Steve Brusatte, 2024. También la clásica película “El oso” de Jean Jaques Annaud de 1988, una descripción realista de la vida de un mamífero. O ver https://www.youtube.com/watch?v=DdzTXXh3kmA