TOLUCA, Méx.- Hace un año, 70 vecinos de San Cristóbal Huichochitlán denunciaron que los pozos donde almacenaban el agua potable estaban contaminados con diesel derramado de las tomas clandestinas del ducto de Pemex que conecta con la Terminal de Abastecimiento en Toluca. En la actualidad nada ha cambiado, la gasolina se sigue filtrando y los daños son cada vez más graves.
De los pozos artesianos donde sacaban el agua para su consumo, que usaban para bañarse, lavar los trastes y la ropa, ahora sale un líquido casi rosa que, según los afectados, emana un insoportable olor a gasolina que penetra en la nariz por horas y que se queda en el ambiente.
En el patio donde algunos de los vecinos hablaron juegan dos niñas de dos y tres años de edad, quienes presentan resequedad y daños en la piel, afectaciones que, según su mamá, son por el contacto con la gasolina, pues hace un año sus padres no sabían que el agua que consideraban potable estaba contaminada con diesel.
“Nos bañábamos con esa agua; yo me quedé calva, sin cejas. En una parte de mi cara me surgió una enfermedad, el médico [me] dijo que fue por el contacto con la gasolina.
“A las niñas, el pediatra les diagnosticó algunos daños, pero no compramos las pomadas porque el sector Salud estatal se comprometió a que nos daría el medicamento, no volvieron”.